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Cartel de la película

Cartel de la película

    GÉNERO
ARTES

    TEMA
Cine: crítica de la película El secreto de la directora Virginie Wagon (por Eva Pereiro López)

    OTROS DATOS
Intérpretes: Anne Coesens (Marie)
Michel Bompoil (François)
Tony Todd (Bill)
Quentin Rossi (Paul).
Género: Drama.
Guión: Virginie Wagon & Eric Zonca.
Nacionalidad: Francia, 2000.
Duración: 107 minutos.

















Magazine/Cine y otras artes
Del deseo
Por Eva Pereiro López, domingo, 7 de octubre de 2001
Marie (Anne Coesens) es vendedora de enciclopedias a domicilio, lleva doce años casada con François (Michel Bompoil) con el que ha tenido un niño, Paul. Nada parece turbar la vida de la pareja excepto la felicidad, pero un encuentro extraño con un nuevo cliente, Bill (Tony Todd), hará que el equilibrio antes suficiente y, en apariencia, inalterable, deje asomar una necesidad que la protagonista se verá arrastrada a satisfacer
En qué momento de una relación estable, sea cual sea su naturaleza, se empieza a tener necesidades que la pareja no puede corresponder. En qué momento, sin dejar de querer, se lanza uno a satisfacer un impulso fuera de toda responsabilidad, sin preguntas ni respuestas. Se engaña alentado por el deseo de individualidad, por un impulso sexual, para luego enfrentarse al dolor y, en definitiva, a esa responsabilidad de la que se había intentado huir.

Los encuentros con Bill son exclusivamente pasionales. A Marie apenas le interesa la persona que hay fuera de las cuatro paredes que los encierran. La intriga mantiene la atención hacia él sin traspasar límites externos, aflora del tapiz de la duda, de una situación de ahogo inconsciente en la pareja. Existen mientras la puerta esté cerrada y ella sea la única que pueda abrirla. Busca pasión desnuda de cualquier amarra, juego inaccesible para François por todos esos años de vida compartida.

Un guión sobrio estructura los personajes al detalle sin que ninguno de los tres, Marie, François o Bill, se vean despreciados frente a los demás. Perfectamente interpretados, se dibujan no sólo creíbles sino definitivamente reales. La situación puede ocurrirle a cualquiera, Marie y François representan a la pareja común, por lo que encaja con experiencias personales vividas o contadas, o que pueden llegar a serlo en el día de mañana...

Marie no busca ese deseo, no es consciente de él, de su existencia antes del azaroso e inesperado cruce de caminos. Sólo lo es de un malestar creado por la presión de una decisión, de un sentimiento difuso de necesidad no cumplida, esa falta de “algo” tan desorientadora. Bill es una curiosidad que aviva una respuesta física a esa necesidad que ha ido anidando en ella a medida que perdía su identidad individual frente a la de pareja, a la de ser dos constantemente y nunca más uno. Satisfacer ese impulso hasta el final implica sufrimiento, tanto para François como para ella. Al llegar al punto de no retorno, la humillación, podría perderlo todo.

Bill no ejerce presión alguna sobre Marie, ella es libre y mantiene el control de los encuentros muy refinados por la cámara y el guión, evitando un desolador estancamiento en el aspecto sexual.

François, que en pareja supura seguridad, vive ciego al adulterio hasta que Marie no puede seguir escondiéndolo más. Una provocación visual e ineludible, nada inconsciente y exenta de explicación, parece ser la forma menos traumática de revelar la situación. Sin tener una reacción clara excepto la de dolor o traición, su pasmosa seguridad se desmorona expulsando una fragilidad inesperada al quedar amputado. Abandona la lucha pero sin capitular por completo, humillado por un excesivo antojo de crueldad por parte de ella. Ninguno de los dos existe sin el otro, no después de tantos años, aunque Marie flirtee con la idea.

Pero la equidad ha de ser reencontrada para que los individuos vuelvan a su condición de pareja. El dolor y la humillación causados tienen que ser correspondidos con sufrimiento hacia la persona que los ha engendrado en un principio. Precisamente este último desenlace es el que causa más turbación, sin dejar por ello de ser una continuación lógica: la respuesta impulsiva y violenta de François en la última escena... Y el final queda abierto.

Película interesante, bien realizada e interpretada, cuya claridad en la exposición del argumento, a pesar de su complejidad, sorprende, turba y agrada por su vertiginosa realidad. Cuán difícil es retratar en la pantalla sentimientos y deseos tan crudos y a la vez tan naturales sin sobreactuación, sin dispersarse en divagaciones fantasiosas e inútiles. El guión sigue un camino bien trazado y muy preciso: qué ocurre cuando el marido desconoce, cuando sabe, y la reacción de él ante la falta de explicación por parte de ella.

Los impulsos de los tres protagonistas y sus reacciones en las distintas situaciones propias a cada uno, hacen vibrar el tabú del adulterio. El engaño y el enfrentamiento a éste, evolucionan equilibradamente a lo largo de las escenas gracias a un guión adecuado. Marie decide no ir en contra del deseo, François vive como víctima de la traición, y Bill disfruta de la simpleza del instinto.

Una película francesa muy recomendable que, una vez más, se nutre de la realidad del ser humano.
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