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Carlos Malamud

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Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Relaciones cívico-militares en América Latina
Por Carlos Malamud, sábado, 30 de junio de 2001
Entre el 27 y el 28 de junio pasados tuvo lugar en el Instituto Universitario Ortega y Gasset, de Madrid, un seminario sobre “Relaciones cívico-militares en América Latina: una mirada al siglo XXI”, organizado conjuntamente con el National Endowment for Democracy (NED). El semininario tenía entre sus principales objetivos la discusión de los grandes problemas que en la actualidad afectan las relaciones entre las Fuerzas Armadas y el poder político, así como con el conjunto de la sociedad. Se parte de la base de que se trata de una cuestión que afecta directamente la gobernabilidad de las repúblicas latinoamericanas.
En América Latina el comienzo del siglo XXI ha visto como quedaban atrás la confianza y la esperanza depositadas en los procesos de democratización iniciados en las décadas de 1970 y 1980. En su lugar, y debido a motivos muy diferentes y a veces complejos, de los cuales ya he hablado de forma abundante en estas páginas. De forma general se puede afirmar que la frustración se ha instalado en buena parte de las sociedades de la región, lo que junto a un bajísimo índice de confianza interpersonal, ha llevado a más de un analista a preguntarse por el futuro de la democracia en el continente. Y claro está que cuando aparecen preguntas de este tipo todavía resulta inevitable, debido a las herencias y condicionantes del pasado, que aparezcan en escena las Fuerzas Armadas, junto con sus fantasmas adheridos: el intervencionismo militar y la represión asociada a salvajes violaciones de los derechos humanos.

La búsqueda de pautas que permitan comprender mejor el futuro político del continente se intensifica ante el temor de que reaparezcan algunos de los demonios familiares (el populismo, la violencia política) o que algunas de las nuevas amenazas (mafias internacionales organizadas, narcotráfico y lavado de dinero, tráfico de armas y de personas, etc.) cobren entidad propia. En este sentido vale la pena no perder de vista al porcentaje de la población, afortunadamente todavía exiguo, que apuesta por un retorno al autoritarismo o preferiría el desembarco de algún espadón o de algún preclaro salvador de la patria, siguiendo el ejemplo de Venezuela.
Los procesos de ajuste realizados en América Latina han llevado a una importante reducción de los presupuestos militares (con algunas excepciones que atienden a ciertas particularidades), que comienzan a afectar el buen funcionamiento de los ejércitos

Al mismo tiempo, pero en una dirección contraria, observamos como algunos de los procesos de integración regional en marcha (el Mercosur, pese a todas las dificultades que está enfrentando en estos momentos, es un ejemplo destacado), han permitido avanzar considerablemente en la cooperación entre los distintos ejércitos involucrados. Si esto ocurrió se debe, en gran medida, a que el enfrentamiento con los demás países participantes en el proceso de integración ha dejado de ser considerado como la principal fuente de conflicto que las Fuerzas Armadas de cada país debían tener presente. Esta situación ha permitido que en las agendas de algunos ejércitos comiencen a incluirse nuevas misiones y tareas, como las muy bien consideradas participaciones en misiones internacionales de paz o el cuidado del medio ambiente y, por el otro lado, las más discutidas operaciones anti narcóticos.

Por otra parte, los procesos de ajuste realizados en América Latina han llevado a una importante reducción de los presupuestos militares (con algunas excepciones que atienden a ciertas particularidades), que comienzan a afectar el buen funcionamiento de los ejércitos. Hay que tener presente que América Latina es la región del mundo que menos recursos destina a sus presupuestos de Defensa, una cifra que en la actualidad se acerca al 1,7% del PIB regional. Como ejemplo se puede señalar el hecho de que Argentina el presupuesto de Defensa es sólo del 1,2% del PIB, mientras que hace más de una década se situaba en el 4%.
Son precisamente aquellos países que tienen una buena imagen de sus militares los que tienen menos problemas en el reclutamiento de soldados profesionales

En algunos casos, la escasez de recursos ha afectado la operatividad de los efectivos disponibles, lo que ha dado lugar a una discusión, todavía incipiente, sobre el cometido de las Fuerzas Armadas en los distintos países, una discusión que recoge, en buena medida, el hecho de que en la mayoría de América Latina las guerras han estado ausentes durante casi todo el siglo XX. En línea con dicha discusión observamos una tendencia progresiva a la profesionalización de los ejércitos, en detrimento del servicio militar obligatorio, un tema que necesariamente afecta las relaciones cívico-militares. A ello hay que agregar la paulatina incorporación de las mujeres a los ejércitos, como es el caso de Argentina. Son precisamente aquellos países que tienen una buena imagen de sus militares los que tienen menos problemas en el reclutamiento de soldados profesionales.

El conjunto de toda esta situación ha llevado a que en los últimos años se vuelva a hablar del papel de los militares en las sociedades latinoamericanas y también de las relaciones entre las Fuerzas Armadas, y sus integrantes, y el poder político y la sociedad civil. Se trata de un tema que durante mucho tiempo fue estigmatizado debido a los errores y al autismo de unos y otros. Sin embargo, el problema comienza a ser abordado desde una nueva perspectiva, comenzando por la pregunta central de cuál debe ser el papel de las Fuerzas Armadas en una sociedad democrática y cuál su relación con el gobierno, con el Parlamento y con la sociedad en su conjunto. Por eso, en las actuales circunstancias, se trata de no cometer los errores del pasado y afrontar el problema sin ningún tipo de tabúes por el conjunto de las partes intervinientes.
Por desgracia, y salvo honrosas excepciones, el tema de las relaciones cívico-militares ha sido abordado con demasiados prejuicios, en buena medida heredados del período anterior. La distancia entre civiles y militares ha llegado en algunos casos a ser abismal, para lo cual es conveniente empezar a hablar un mismo lenguaje

Una de las mayores enseñanzas que podemos obtener de la época de las pasadas dictaduras militares es que sólo un mayor conocimiento de los problemas y un acercamiento a los mismos sin complejos de ningún tipo es lo que permite elaborar diagnósticos acertados y proponer soluciones posibles. Por desgracia, y salvo honrosas excepciones, el tema de las relaciones cívico-militares ha sido abordado con demasiados prejuicios, en buena medida heredados del período anterior. La distancia entre civiles y militares ha llegado en algunos casos a ser abismal, para lo cual es conveniente empezar a hablar un mismo lenguaje, que facilite el intercambio de ideas entre unos y otros. El riesgo de los ejércitos aislados de la sociedad es muy grande, ya que en un breve éstos están condenados a la ineficacia.

Es evidente que el tema debe adecuarse a las distintas situaciones existentes, pero una nueva agenda de las relaciones cívico-militares en cada uno de los países de la región debería incluir las siguientes preguntas, que no son todas las posibles: ¿cómo clausurar el pasado?, ¿cuál es el marco contextual y legal en que se mueven las Fuerzas Armadas?, ¿cuáles son los roles y las misiones de las Fuerzas Armadas en unas sociedades democráticas, sin perder de vista las condiciones en que la democracia se desarrolla en la región?, ¿cuál es el papel de los ministros de Defensa y, más concretamente, cuál debe ser la postura de los políticos en la gestión de la cuestión militar?, ¿qué parte de los presupuestos militares se deben destinar a la defensa?, ¿en qué condiciones se realiza el reclutamiento del personal, cómo se desenvuelve su carrera y cuáles son los criterios de su pase a retiro?, ¿se debe apostar por el servicio militar o por la profesionalización de los ejércitos?, ¿cuáles son los riesgos de la creciente privatización de la seguridad y de la defensa?, ¿de qué órganos del gobierno deben depender los servicios de inteligencia y cómo deben estar organizados? y ¿qué grado de transparencia deben tener estos servicios?

En definitiva, es el control civil de las Fuerzas Armadas lo que debe garantizar la gobernabilidad de los países, aunque no se trata, evidentemente, de la única cuestión que afecta la gobernabilidad. Como dice Narcís Serra, el control civil es un proceso que debe incluir el nombramiento de un ministro civil de Defensa a la cabeza de un ministerio que tenga capacidad de decisión y sea políticamente activo. Sin embargo, el control civil de los militares debe implicar a los propios militares. La responsabilidad de políticos y militares es central para el buen funcionamiento del sistema democrático, pero sin olvidarse de que quien gobierna está llamado a ejercer la autoridad, algo que con frecuencia no tienen presente demasiados políticos de la región.
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