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Opinión/Revista de Prensa
El Consejo Europeo de Gotemburgo
Por ojosdepapel, sábado, 23 de junio de 2001
Balance del Consejo Europeo de Gotemburgo (Suecia) y de la intervención de José Mª Aznar (16 y 17 de junio de 2001).
La reunión de los dirigentes políticos de la Unión Europea vino precedida y fue acompañada por unos acontecimientos que le han dado una importante trascendencia. Los precedentes inmediatos fueron el “no” irlandés al Tratado de Niza y la visita del presidente norteamericano George W. Bush, quien sostuvo, con una postura entre dialogante y desafiante (véase Joaquín Roy, ojosdepapel, 23-6-2001), sus tesis sobre la necesidad de implantar el escudo antimisiles, frenar la iniciativa de defensa autónoma europea y desmarcarse del protocolo de Kyoto. Ya propiamente hablando de Gotemburgo, el núcleo de los debates en la opinión pública giró en torno a los plazos de la ampliación de la unión para los candidatos que esperan su ingreso, al impacto y significación de las protestas del movimiento antiglobalización y a la represión policial. Todos aquellos que daban por hecho que en la civilizada Suecia se disolvían las manifestaciones a besos se han visto defraudados.

El interés de la pensa española está también en la intervención de José María Aznar, contundente pero bien razonada para unos medios y para otros desproporcionada y fuera de las maneras y género de cortesía que se practica en los predios europeos, poco acostumbrados al carácter bronco de la política española que tan bien ha sabido encarnar el presidente del gobierno español y su cohorte mediática, tanto en la oposición como en los últimos tiempos de su gobierno.

Sobre las determinaciones que se han adoptado en la cumbre se suele recurrir a las clásicas expresiones de los dos pasos adelante y uno atrás que expresa esa forma serpenteante que adoptan las decisiones de los líderes políticos de la UE para avanzar tras arduas y complejas negociaciones, un puro encaje de bolillos con el que se pretende contentar a todos y defraudar lo mínimo posible. Es lo que Enrique Badía constata sobre la UE: “Avanza y retrocede al mismo tiempo” (Estrella Digital, 19-6-2001)
Tras arduas negociaciones, con todo el empeño de la presidencia sueca detrás, se llegó a un “compromiso” por el cual se declara solemnemente que el proceso de ampliación es “irreversible”, pero que sólo los países aspirantes que estuvieran más avanzados en los trabajos de incorporación de la legislación comunitaria podrían ingresar en dicho plazo, lo cual tenía un carácter orientativo y, por tanto, no era una obligación

El caballo de batalla de esta reunión estuvo en el intento de la presidencia sueca de fijar el año 2002 como fecha firme para el ingreso de los países aspirantes, con la vista puesta en que, tras los trámites de aceptación de la adhesión por los Quince, pudieran participar en las elecciones del Parlamento Europeo del 2004. Suecia estaba respaldada por España, Gran Bretaña, Italia, Dinamarca y Finlandia, pero los dos pesos pesados de la Unión, Alemania y Francia, acompañados por Austria, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Grecia y Portugal, se opusieron a establecer un calendario (El País, 16-6-2001; El Periódico, 17-6-2001). Tras arduas negociaciones, con todo el empeño de la presidencia sueca detrás, se llegó a un “compromiso” por el cual se declara solemnemente que el proceso de ampliación es “irreversible”, pero que sólo los países aspirantes que estuvieran más avanzados en los trabajos de incorporación de la legislación comunitaria podrían ingresar en dicho plazo, lo cual tenía un carácter orientativo y, por tanto, no era una obligación (La Vanguardia, 16-6-2001; El País, 16-6-2001; La Vanguardia, Editorial, 17-6-2001; El País, editorial, 17-6-2001; El Correo, Editorial, 17-6-2001; El Mundo. Editorial, 17-6-2001; Diario 16, Editorial, 17-6-2001). Al tiempo, el acuerdo funciona como una fórmula de presión para que los países adherentes no se relajen, uno de los argumentos favoritos de Francia y Alemania para dejar las cosas en un situación ambigua, lejos de quedar emplazados en firme (El País, Editorial, 17-6-2001) Como señalaba el corresponsal de ABC, Alberto Sotillo: “La UE es ese ámbito mágico de la política en el que ni siquiera una fecha significa lo que parece” (17-6-2001).

Detrás del bloqueo franco-alemán se encontraba, a decir de corresponsales y analistas, -elegimos las del enviado de La Vanguardia-, el temor a que “una ampliación rápida y desordenada influya en las elecciones internas del 2002” (ABC, Editorial, 16-6-2001; El País, 16-6-2001; La Vanguardia, Editorial, 16 y 17-6-2001; El Correo, Editorial,17-6-2001). Quien aclara lo que hay detrás de esta cortina electoral que impide el compromiso en firme para la extensión de la UE al Este de Europa, concretando los pormenores es el corresponsal de El País, Carlos Yárnoz: “si existiera ese compromiso, los capítulos más espinosos que deben ser negociados con los candidatos (política agrícola, fondos estructurales, previsiones presupuestarias) serían tratados el año que viene en plena campaña electoral en ambos países. Hay otro motivo: Alemania quiere a toda costa que Polonia, el país vecino de mayor peso en la lista de espera, entre en la UE en la primera oleada, pero lleva tan atrasadas las negociaciones que difícilmente las concluirá en 2002, por lo que Berlín prefiere darle más tiempo” (Carlos Yárnoz, El País, 18.6-2001).

Sólo Antonio Franco da la razón explícitamente al eje franco-alemán, arguyendo que antes de ampliar hay que decidir si es "un simple negocio o una nueva forma de vida” (El Periódico, 17-6-2001) El que no tiene ninguna duda es José Mª Aznar, Anzar para su amigo George, quien “con un tono y una terminología inusitada en el seno de la UE” se lanzó en tromba con críticas a Francia y Alemania, además de censurar al presidente de la Comisión, Prodi y al comisario Solbes (Carlos Yárnoz, El País, 17 y 18-6-2001; La Vanguardia, 17-2-2001; El Mundo, 17-6-2001; El Periódico, 17-6-2001; La Razón, 17-5-2001).
El punto de vista más amplio y perfilado es el de Lluis Foix: “lanzar un órdago así de claro al núcleo duro de la construcción europea no me parece sólo un peligro, sino una temeridad”, pues “esta política atlantista no hace falta que esté corroborada por un ataque sin matices a las posiciones de Francia y Alemania”

Sobre la actitud de Aznar hay división de opiniones entre los diarios adictos (ABC, El Mundo, La Razón) y los de oposición (El País, El Periódico, Diario 16), mientras La Vanguardia da la razón, sin extremarse, a los primeros. De esta forma califica o describe la prensa la disposición del presidente de gobierno español en la conferencia de prensa en Gotemburgo: “seco” (Luis Foix, La Vanguardia, 19-6-2001); “inusitadamente duro”, “enfado contenido” y “se desquitó” (La Razón, Editorial, 17-6-2001); “reñir a sus colegas” (Enrique Badía, Estrella Digital, 19-6-2001); “repartió su propia estopa y no dejó títere con cabeza”, “ayer repartió mandobles a diestro (Francia) y siniestro (Alemania)” y “pasó... factura” (César Lumbreras, La Razón, 17-6-2001); “ha aprovechado la ocasión para echarle una broca a Francia y Alemania (...) ya les riñe a Schröder y a Chirac con una suficiencia que asombra a medio mundo” (El Conspirador, Estrella Digital, 18-6-2001); Aznar se contenta con “sacar pecho y meter el dedo en el ojo a Francia y Alemania” (Juan Francisco Martín Seco, Estrella Digital, 20-6-200).

Sin embargo, como decíamos, la prensa adicta defiende las razones de fondo que han llevado a Aznar a ponerse regañón. Para La Razón, que titula su editorial de forma muy ilustrativa (y cañí) “Aznar canta las cuarenta”, las causas de este malestar del presidente están en las críticas que ha sufrido por su supuesto antieuropeísmo, cuando al final no ha sido él quien ha bloqueado en calendario de ampliación sino Francia y Alemania que precisamente lo habían acusado de eso; por la campaña emprendida por la oposición para minusvalorarlo en Europa; y por el disgusto de que el PSOE, al adelantarse, haya desbaratado la presentación de su proyecto para Europa (La Razón, 17-6-2001). En los argumentos de que lleva toda la razón en sus críticas a los dos motores de la unificación europea se unen El Mundo (Editorial, 17-6-2001), La Vanguardia (Editorial, 17-6-2001), ABC (Editorial, 17-6-2001), que manifiesta con fina elocuencia que “en el último momento (...) Francia y Alemania se han rajado...” y Jiménez Losantos quien considera que las críticas no eran “nada improvisadas ni desaforadas al comportamiento franco-alemán con respecto a la ampliación europea” (Libertad Digital, 16-6-2001), pero no hace falta decir que para este periodista el estado de enfado en su medio natural.

Las opiniones contrarias van desde el tono jocoso que emplea El Conspirador (“Aznar debe poner los pies en la tierra y darse cuenta de que no es el gobernador general de la ínsula Barataria, sino de un país mediano como España, y que no puede aparecer como palmero de un emperador y al día siguiente como matador de unos gigantones como son Francia y Alemania sin que a alguien le de risa toda esa exhibición de grandeur a la española”, Estrella Digital, 18-6-2001), pasando por el “tono antipático” que observa El País (17-6-2001), hasta el punto de vista más amplio y perfilado de Lluis Foix: “lanzar un órdago así de claro al núcleo duro de la construcción europea no me parece sólo un peligro, sino una temeridad”, pues “esta política atlantista no hace falta que esté corroborada por un ataque sin matices a las posiciones de Francia y Alemania” (La Vanguardia, 19-6-2001).

Como último bocado, ésta es la opinión sobre Aznar de Jacques Delors, expresidente de la Comisión Europea: “Aznar es europeo porque hay que serlo, pero no es un hombre de la fibra tradicional europea (...) si Aznar no es filoeuropeo no es porque sea de derecha, sino porque su concepción de España es así. Hay gente en la izquierda que es antieuropea y no hace falta ir muy lejos en Francia para verlo (...) La actitud de Aznar es más bien nacionalista” (La Vanguardia, 16-6-2001), lo cual, por otra parte, necesita una mayor aclaración que no se proporciona, pues viniendo de un francés no se sabe muy bien qué quiere decir el término nacionalista.
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