Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Las consecuencias estratégicas del secesionismo catalán (por Manuel López Blanco)
  • Cine

    The Artist, película de Michel Hazanavicious (por Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    Bowie. Amando al extraterrestre (por Christopher Sandford)
  • Viajes

  • MundoDigital

    ¿Realmente hay motivos para externalizar la gestión de un website?
  • Temas

    Una visión caleidoscópica del siglo XX
  • Blog

    Jesús Ruiz Mantilla y su “malogrado” León de Vega en el Blog de Juan Antonio González Fuentes
  • Creación

    Los crímenes del número primo (por Reyes Calderón)
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
Carlos Malamud

Carlos Malamud




















Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Pinochet: el fin de un general cobarde y sin honor
Por Carlos Malamud, sábado, 23 de junio de 2001
La defensa del general Augusto Pinochet ha pedido el archivo de la causa que se le sigue por el caso de la “caravana de la muerte” apelando a la demencia que teóricamente padece el dictador. Más allá de la posibilidad de que los acusados utilicen cualquier resquicio legal para escapar a la condena, la duda razonable que plantea esta estratagema de tufo leguleyo, es si una salida de este tipo es acorde a la pretendida trayectoria inmaculada del general.
En estos momentos Pinochet afronta la recta final de la instrucción del juicio por la Caravana de la Muerte, un juicio que lo responsabiliza de 75 asesinatos y secuestros cometidos en cinco ciudades del país, en octubre de 1973, un mes después del golpe que le permitió gobernar durante 17 años. En realidad no es el único problema legal que debe enfrentar, ya que tiene que responder por más de 250 querellas criminales presentadas en los tribunales chilenos. Si bien se ha insistido demasiado en que este panorama no existiría de no haber sido por la titánica y pionera labor del juez español Baltasar Garzón, lo cierto es que en su última visita a Madrid el presidente Ricardo Lagos puso las cosas en su sitio al valorar correctamente el papel jugado por la justicia chilena en todo este largo y complicado proceso.

Cuando ya está casi todo perdido, inclusive la posibilidad de que el anciano general se libre de ser fichado de frente y de perfil por los oficiales judiciales, sus defensores recurrieron a una de sus últimas armas al solicitar el archivo del juicio basándose en el único resquicio legal que todavía les queda: un artículo del código penal chileno que permite dispensar a un inculpado de tener que responder ante la justicia en caso de ser declarado loco o demente. Ante tal pedido, y oídas las partes en sus alegaciones, esta semana misma la Corte de Apelaciones de Santiago tendrá que decidir si archiva el caso, como quiere su defensa, o lo mantiene vivo, tal como solicitan los abogados querellantes, dejando para otro tribunal la posibilidad histórica de condenar a Pinochet.
Resulta paradójico el empeño de los abogados en evitar el fichaje del general, algo que hasta ahora han logrado amparándose en el estricto reposo que guarda el general, con la desvergüenza y el deshonor que supone apelar a la demencia para librarse del juicio

Amparándose en una "demencia subcortical de origen vascular", Pinochet podría escabullir el bulto de forma definitiva, al sumar a su pretendida locura sus 85 años de edad. Para uno de los abogados querellantes, en palabras reproducidas por el diario La Nación de Buenos Aires: “Llegaríamos entonces a una situación ridícula, porque una persona que comete los crímenes más atroces que se pueden cometer no podría ser juzgada, por estar demente de leve a moderado”.

Resulta paradójico el empeño de los abogados en evitar el fichaje del general, algo que hasta ahora han logrado amparándose en el estricto reposo que según ellos guarda Pinochet, con la desvergüenza y el deshonor que supone apelar a la demencia para librarse del juicio. Desde un punto de vista de la ética castrense, y de todos los códigos de honor que Pinochet dijo asumir y defender cuando se levanto en armas en defensa de la sociedad occidental y cristiana y en su santa cruzada contra el comunismo internacional, lo que ahora está haciendo el dictador es un acto liso y llano de cobardía.
Esta farsa tiene su lado positivo y es permitir a las nuevas generaciones de chilenos conocer la catadura moral de quien dijo actuar en base al honor de los chilenos

Gracias a esta absurda jugada legal, sus defensores, con toda probabilidad con su consentimiento y el de su adorable familia, han condenado a Pinochet a ocupar un lugar en el estercolero de la historia. ¿Cómo van a defender los historiadores del futuro a alguien que se escuda detrás de la falda de la mamá para no enfrentar sus responsabilidades? Lo más terrible del caso es que para poder llevar la situación hasta sus últimas consecuencias, el general ha debido ser llamado a silencio, otra baldón para quien en su día se sintió tan orgulloso de haber controlado todos los resortes de la dictadura militar.

Pese a todo, esta farsa tiene su lado positivo y es permitir a las nuevas generaciones de jóvenes de su país, y también del extranjero, conocer la catadura moral de quien dijo actuar en defensa del honor de la Patria de los chilenos. Es de esperar que los actuales jefes y oficiales de Chile se rijan por un código ético más ajustado a los valores supremos que dicen defender y dejen de actuar como parachoques de un individuo que sólo les conduce a que la sociedad les pierda el respeto que un día les tuvo.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    A la sombra de Churchill, de John Colville (reseña de Rogelio López Blanco)
  • Publicidad

  • Autores

    James Joyce, profeta de la nueva moral (por Miguel Ángel Sánchez de Armas)