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Carlos Malamud

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Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Alvaro Vargas Llosa y el voto en blanco
Por Carlos Malamud, sábado, 9 de junio de 2001
Tras su borrascosa ruptura con Alejandro Toledo, Alvaro Vargas Llosa en santa comunión con uno de los campeones de la prensa amarilla peruana, Jaime Bayly, se lanzó a una campaña por el voto en blanco ante las dos opciones presentes en la competencia electoral: Toledo y el aprista Alan García. Cayendo en la trampa del populismo bolivariano que dicen combatir, apostaron claramente por la democracia participativa, olvidándose de la esencia y las virtudes de la representación. Afortunadamente el tiro les salió por la culata y el pueblo peruano demostró ser más maduro de lo que muchos esperaban y votó por el que a todas luces aparecía como el mal menor.
No es el objetivo de este artículo analizar las elecciones peruanas, sino centrarse en la deplorable campaña por el voto en blanco, aparentemente inmaculado e impoluto si nos dejamos guiar por su nombre, pero mucho más sucio de lo que parece si tenemos en cuenta que con un criterio ventajista sus impulsores pretendían equipararlo al nulo o viciado, eso sí, intentando adjudicarse en su haber no sólo al grupo de electores convencidos por ellos, sino también al importante colectivo de votantes, desde anarquistas a neoliberales rabiosos, que históricamente han votado de esa manera en el Perú.

En un reciente reportaje publicado en el diario El Mundo (3/VI/2001), Alvaro Vargas Llosa nos presenta una muestra de su forma de pensar. Entre otras cosas dice las siguientes lindezas: “Aspiramos a que hoy [el día de la elección] haya un número suficiente de ciudadanos que le exprese a la clase política que desconfía de ella y que teme por el futuro del sistema democrático” “Lo que gana una persona con el voto en blanco es un seguro democrático. Porque el señor Toledo ya empezó a vulnerar la ley y la Justicia”. “[Es] la misma sociedad civil que le está demostrando a los políticos que ya no puede más”. “No voy a hacer de esto una carrera política, no voy a formar un partido, no voy a ser candidato... A menos que vulneren el Estado de Derecho y la democracia. Ahí me voy a meter otra vez”. “Esta segunda vuelta va a ser un verdadero referéndum del voto en blanco. Gracias a esta campaña la ética ha vuelto a la agenda política... Y a pesar del lado cutre de todo esto, hay otro hermoso: me llaman de otras partes de Latinoamérica para hacer lo mismo, para que los Chávez y toda esa basura que nos gobierna esté advertida”.
La sociedad civil, como tal, y sus organizaciones no pueden gobernar, y en el momento en que lo hicieran dejarían de ser sociedad civil y se contagiarían de todos los males que tan ardorosamente condenan. ¿Quién va a gobernar?

Aspiramos a que hoy [el día de la elección] haya un número suficiente de ciudadanos que le exprese a la clase política que desconfía de ella y que teme por el futuro del sistema democrático. El porcentaje de votos en blanco y nulos fue del 13%, una cifra menor a la segunda vuelta y la segunda más baja desde 1980. Si bien las encuestas preelectorales llegaron a hablar de un porcentaje de votos blancos o nulos superior al 30 por ciento, lo cierto es que la cifra se redujo considerablemente debido a que a último momento muchos electores se decantaron por el mal menor. Demostrando que la memoria histórica de los peruanos no es tan frágil como parecía, con su voto los ciudadanos del Perú cerraron el acceso a la presidencia a Alan García y a su dilatado currículo de irresponsabilidad y mal gobierno.

No voy a hacer de esto una carrera política, no voy a formar un partido, no voy a ser candidato... A menos que vulneren el Estado de Derecho y la democracia. Ahí me voy a meter otra vez. Una vez más en América Latina está presente el discurso antipartido y antipolítica. Da igual que sea en Perú, en Colombia, en Venezuela o en Argentina. Lo curioso del caso es que quien se dice un profundo defensor de la democracia, y hace gala de sus raíces liberales, cae en la misma trampa que tan hábilmente tejieron los Chávez y la basura que los acompaña. Es verdad que no todos los políticos latinoamericanos son ejemplo de honradez, pero si se insiste en seguir cavando un foso profundo entre la impoluta sociedad civil y la corrupta clase política, como están haciendo Bayly y Vargas Llosa, se corre el riesgo de avanzar hacia ningún lado, en un ejercicio de pedaleo inútil y estéril. Uno de los graves problemas de la política peruana es la ausencia de partidos políticos, o la debilidad de los existentes. Sin partidos, y sin políticos, no hay democracia posible, nos guste más o nos guste menos. Por eso, denigrarlos sin alternativas concretas no sirve para nada. La sociedad civil, como tal, y sus organizaciones no pueden gobernar, y en el momento en que lo hicieran dejarían de ser sociedad civil y se contagiarían de todos los males que tan ardorosamente condenan. ¿Quién va a gobernar?
Los impulsores del voto en blanco en el Perú se olvidaron el hecho importante de que la democracia también consiste en elegir a un hijo de p... que no nos gusta

Lo que gana una persona con el voto en blanco es un seguro democrático. En un sistema representativo el voto en blanco o nulo no sirve para nada. Es como arrojar el sufragio a una papelera. Lo dice la misma terminología, que diferencia el voto nulo del voto válido, a tal punto que los resultados se cuentan en función de los votos válidos. Queda todo en un mero testimonio. Hay sin embargo situaciones en las que el voto en blanco puede tener sentido y son aquéllas en que se prohíbe la concurrencia al comicio de alguna opción. Cuando no tiene ningún sentido, ninguno, hacer del voto en blanco una bandera política es en una segunda vuelta de un sistema presidencialista. Después de todo, los impulsores del voto en blanco en el Perú se olvidaron el hecho importante de que la democracia también consiste en elegir a un hijo de p... que no nos gusta.

Más allá de los berrinches de Alvaro Vargas Llosa y de Jaime Bayly los peruanos apostaron por consolidar su democracia. Ahora le toca al gobierno de Alejandro Toledo emprender aquellas acciones necesarias para fortalecer las instituciones, robustecer la Justicia, depurar las responsabilidades en el seno de las Fuerzas Armadas, relanzar la economía y combatir la desigualdad y la pobreza que tanto golpean a los peruanos. El esfuerzo que tienen por delante es arduo, sin embargo hay que aprovechar la estela trazada por el gobierno ejemplar de Valentín Paniagua.
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