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Opinión/Revista de Prensa
Ni contigo ni sin ti tiene la globalización remedio
Por ojosdepapel, sábado, 02 de junio de 2001
La suspensión de la reunión auspiciada por el Banco Mundial en Barcelona para finales de junio ha sido vista como un triunfo de los movimientos antiglobalización.
El Banco Mundial (BM) suspendió la reunión que iba a celebrar en Barcelona los días del 25 al 57 de julio. La justificación de esta medida se fundó en evitar la intimidación que suponían las manifestaciones convocadas por las organizaciones contrarias a al globalización, insistiendo en el carácter violento de las mismas (La Vanguardia, 20-5-2001). La prensa madrileña apenas ha hecho alusión a una decisión tan llamativa y que va a convertirse en un hito victorioso del movimiento globófobo. Sólo la prensa catalana, y las secciones locales de los diarios nacionales, lo abordan en profundidad, proporcionado opiniones rigurosas y plurales, algo digno de encomio en unos medios en donde suelen abundar las cuitas locales y las emisiones victimistas, la mayor parte muy poco fundadas. En este caso, la cuestión alcanza altura y es digna de reseñar, mientras que, por el contrario, es muy criticable el comportamiento absentista de la prensa de Madrid, también afectada de cierta reconcentración en el más banal navajeo político y mediático, el del mentidero.

El editorial de La Vanguardia es el primero en llamar la atención sobre este hecho cuando señala que Barcelona, o mejor dicho no-Barcelona “puede marcar un antes y un después en la crónica de la globalización económica” (20-5-2001). Para Josep Ramoneda, tras cotillear que la decisión de adjudicar a Barcelona la reunión fue, según las autoridades barcelonesas, un regalo envenenado de Rodrigo Rato, representante de ese Madrid que siempre quiere perjudicar a Barcelona (qué dirían si se celebra en Valencia), los movimientos antiglobalización tiene razón cuando “hablan de éxito sin precedentes”: “han ganado literalmente sin bajar del autocar” (El País, Cataluña, 22-5-2001). Considera que la suspensión es un error por parte del BM, pues “delata una pésima lectura de lo que significa el movimiento antiglobalización”, al “tomar un epifenómeno --las acciones callejeras violentas-- como la totalidad del movimiento”, el cual “es mucho más que su cara violenta”, es un conglomerado heterogéneo y hasta contradictorio cuyos grupos “coinciden en lo que están en contra más que en lo que están a favor” y con su decisión lo que hace el BM es “reforzar a los sectores partidarios de las estrategias violentas” (22-5-2001)
El catedrático de economía del ESADE, Luis de Sebastián, crítico con los “excesos de la globalización”, contribuye a aclarar el asunto: “La conferencia pretendía ser un acto de naturaleza básicamente académica”
Pero hay opiniones más ceñidas al terreno que sitúan la discusión en otro orden de cosas, incluyendo en este espacio opiniones a favor y en contra de la globalización. En su artículo, elocuentemente titulado “Totalitarismo globófobo”, el profesor de la Universidad de Columbia Xavier Sala i Martín, quien profesa un liberalismo declarado, resalta la “la tendencia a falsear la verdad” de los globófobos, muchos de cuyos miembros sólo “buscan el proteccionismo comercial de las economías norteamericanas y europeas” y también falta a la verdad cuando sostiene que a esa conferencia “sólo se invita a los defensores de la globalización”, pues son muchas las organizaciones que han comparecido para expresar su opinión contraria (La Vanguardia, 22-5-2001).

Otro articulista está de acuerdo con Sala. El catedrático de economía del ESADE, Luis de Sebastián, crítico con los “excesos de la globalización”, contribuye a aclarar el asunto: “La conferencia pretendía ser un acto de naturaleza básicamente académica” y, dada su experiencia en una reunión del mismo tenor en París el pasado año “no tuve la impresión de que aquello fuera un rito de confirmación neoliberal” (El Periódico, 23-5-2001). Xavier Sala lo detalla: “La Abcde (The Annual Bank Conference on Development Economics) es una reunión de economistas, académicos e intelectuales, muchos de ellos críticos con la globalización y todos ellos preocupados por la pobreza, que buscan soluciones a los gravísimos problemas económicos y de salud pública del Tercer Mundo (...) el boicoteo violento y el intento de censura de académicos son muestras de la intransigencia totalitaria, antidemocrática y violenta con la que se asocia el movimiento de la globofobia” (La Vanguardia, 22-5-2001).
La Vanguardia (...) concluye que “las protestas han puesto de relieve que los dirigentes económicos y financieros del mundo siguen teniendo pendiente el deseo de humanizar la globalización”

Sala, tomando la parte por el todo, barre para casa al lamentar que se cancele el acto “por miedo a la intimidación violenta”, pero, como sostiene con más penetración Ramoneda (ver más arriba), la decisión del BM refuerza a las facciones violentas del movimiento cuando “lo importante es entender este movimiento como síntoma de un malestar extendido: la sensación de que no hay control político de la globalización y de que éste genera desigualdades irreversibles y destrucción creciente del entorno” ( El País, Cataluña, 22-5-2001). En esta misma idea abunda Luis de Sebastián: “Las movilizaciones del tipo Seattle o Praga, no por lo que hayan tenido de violentas sino por lo que tienen de cívicas, pueden jugar un papel muy importante en pedir cuentas a organismos internacionales” (El Periódico, 23-5-2001). La Vanguardia va por el mismo camino cuando concluye que “las protestas han puesto de relieve que los dirigentes económicos y financieros del mundo siguen teniendo pendiente el deseo de humanizar la globalización” (La Vanguardia, 20-5-2001)

Dentro de la serie de artículos que bajo el título de “La contestación global” han aparecido en los últimos días en La Vanguardia, destacan los de aquellos que como Pepa Roma (autora de Jaque a la globalización), Joan Gomis (presidente de Justicia y Paz), Raül Romeva (profesor de la cátedra de la UNESCO sobre Paz y Derechos) y Viceç Navarro (catedrático de Políticas Públicas), con distintos grados de matización, son favorables a los movimientos antiglobalización (20, 24, 28 y 29-5-2001). Posturas diametralmente opuestas son las de Vicente Boceta Alvarez (secretario general del Círculo de Empresarios de Madrid) y Jordi Gual (profesor de Economía) (La Vanguardia, 20-5-2001). Con el primer grupo se alinean el periodista Joaquín Estefanía y Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política (El País, 20 y 24-5-2001).
n resumen, la globalización se acepta como un proceso inevitable, pero son mayoría los que quieren que la globalización económica, que es la claramente dominante, se vea acompañada por la mundialización política, de la justicia, ecológica y un largo etcétera
En el breve espacio del que disponen Pepa Roma y Carlos Taibo tratan de sistematizar los orígenes, programa y características del movimiento antiglobalizador. Ninguno es contrario a lo que consideran un “proceso imparable”, pero tratan de que su desarrollo contribuya a crear, según Pepa Roma, una “democracia planetaria” a través de un “programa de mínimos” (condonación de la deuda, regulación flujo de capitales, derecho a la salud por encima de los intereses de la industria farmacéutica, justicia universal...). Taibo repasa la care fea de la globalización que “desmintiendo lo que reza su la palabrería socializante, ni renuncia a estructurales violencias, ni aminora el caos y la pobreza, ni se apresta a cancelar los irrefrenables planes de ajuste (...) están también, el desmantelamiento de los estados de bienestar, acompañado de una arrasadora desregulación (...) agresiones medioambientales (...) la farsa de un principio de ciudadanía (...) una propaganda volcada al servicio del consumismo más desaforado” (El País, 24-5-2001).

Al otro lado de la barricada, o en el otro sofá, tenemos a los mencionados Boceta y Gual, para los que no es de recibo dicha contestación antiglobalizadora. El primero se cree que todos los movimientos tienen “el dominador común de tener un verdadero pavor a la libertad y una añoranza, igualmente pavorosa, de los principios económicos y políticos que cayeron aplastados bajo el muro de Berlín” (La Vanguardia, 20-5-2001). Vamos, que todos, todos, son unos comunistas, co-mu-nis-tas. No se entera, pues es obvio el componente libertario de estos grupos. A muchos neoliberales también les vino mal la caída del Muro, pues siguen apegados a sus obsesiones. Para Jordi Gual, quien dedica su artículo a demoler lo cinco grandes mitos en los que se basan los movimientos de protesta (que la globalización favorece a los países ricos, que destruye empleo, que aumenta la concentración empresarial, que favorece una economía puramente financiera especulativa y que impide el desarrollo de la economía social de mercado), “la globalización no es parte del problema, sino la solución” (La Vanguardia, 20-5-2001).

En resumen, la globalización se acepta como un proceso inevitable, pero son mayoría los que quieren que la globalización económica, que es la claramente dominante, se vea acompañada por la mundialización política, de la justicia, ecológica y un largo etcétera. Parece razonable. El debate debe ir por ese camino y se deben aclarar los costes, qué corresponde a cada uno, olvidando las posturas estéticas y, aún más, la violencia.
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