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Carlos Malamud

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George Bush

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Collin Powell

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Análisis/Política y sociedad latinoamericana
América Latina y los Estados Unidos
Por Carlos Malamud, sábado, 2 de junio de 2001
Después de los primeros mensajes de centrismo transmitidos por la administración Bush a su llegada al poder, hoy nos encontramos con signos de significado contradictorio, pero que en definitiva sirven para interrogarse acerca del derrotero que seguirá el gobierno republicano en el futuro inmediato en sus relaciones con América Latina. Más allá de las contradicciones que puedan existir entre las distintas agencias y dependencias del gobierno norteamericano, lo cierto es que los mensajes que llegan desde la Casa Blanca comienzan a ser analizados con menos optimismo que hace un par de meses atrás por los gobiernos de la región.
La decisión del senador republicano por el estado de Vermont, James Jeffords, de abandonar la disciplina partidaria y continuar su labor parlamentaria como independiente ha modificado el ajustado equilibrio de fuerzas existente en el Senado y ha permitido a los demócratas controlar la Cámara tras largos años de estar en minoría. Sabida es la importancia del Senado norteamericano en todo lo que atañe a la política exterior de su país y en este caso el cambio de mayoría será vivido como un terremoto. Por eso, este hecho se ha convertido en un gran revulsivo para la política exterior norteamericana y amenaza con complicar la agenda presidencial en lo que respecta a América Latina y especialmente al proyecto del ALCA. En el campo específico de las relaciones exteriores, téngase presente que el hasta ahora todopoderoso senador por Carolina del Norte Jesse Helms dejará de presidir la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y que cualquier demócrata que ocupe su lugar, por más moderado que sea, supondrá un importante giro a la izquierda en esa materia.
El cambio de mayoría en el Senado también complicaría el nombramiento de algunos altos responsables de la Administración para cargos vinculados a América Latina

La nueva mayoría demócrata más preocupada por los temas medioambientales y más sensible a las presiones de los sindicatos venderá caro su apoyo a la vía rápida, fast track, que le permitiría al presidente Bush negociar con manos libres la apertura comercial con sus colegas latinoamericanos. Como señaló recientemente Andrés Oppenheimer en La Nación, de Buenos Aires, ya son numerosos los senadores demócratas que quieren condicionar la aprobación de nuevos tratados de libre comercio a que los países cumplan con las condiciones laborales que ellos quieren imponer, lo que de hecho serviría como excusa para colocar barreras proteccionistas que limiten el acceso de los productos latinoamericanos a los mercados del Norte. Esta situación sólo agrava la complicada coyuntura pasada, en que una amplia mayoría de senadores avisaba al presidente de su resistencia a avanzar en la vía del fast track, lo que equivaldría conducir al ALCA a un nuevo y prolongado período de hibernación. Es más, resulta dudoso que sin fast track los mandatarios latinoamericanos quieran seguir avanzando en este largo y complicado proceso.

El cambio de mayoría en el Senado también complicaría el nombramiento de algunos altos responsables de la Administración para cargos vinculados a América Latina, comenzando por Otto Reich, que se desempeñó en su momento como embajador en Venezuela. Reich, que cuenta con el respaldo de Helms, esta propuesto para cubrir el puesto de subsecretario para Asuntos Hemisféricos (América Latina) del Departamento de Estado. A Reich hay que unir a Roger Noriega (embajador en la OEA) y John Negroponte (embajador en la ONU). En su momento Reich y Negroponte se caracterizaron por su apoyo activo y militante a la contra nicaragüense y por su escaso respeto a la defensa de los derechos humanos en la región. Por su parte, Noriega fue la mano derecha del ultraconservador Helms en el Senado. Estos nombramientos serían bien vistos por el lobby cubano de Miami (un apoyo esencial para el triunfo de Bush) y tendrían como uno de sus principales objetivos tensar la cuerda en lo que respecta a las relaciones con Cuba.
Es de esperar que esa postura de activa defensa de la democracia, también plasmada en la cláusula democrática del ALCA, se desarrolle por cauces estrictamente respetuosos de la legalidad vigente y que permitan el reforzamiento de las instituciones

Otro frente que podría ser seriamente afectado es el colombiano, donde muchos analistas especulan por el futuro del Plan Colombia. No se trata tanto de que el proyecto de erradicación de cultivos y del narcotráfico siga adelante, sino de las formas que debería adquirir el combate contra el narcotráfico y el narcoterrorismo. Según Juan Gabriel Tokatlian, también en La Nación, al grupo anterior de funcionarios que denomina como recalcitrantes habría que agregar otro de cruzados, integrado entre otros por John Ashcroft (secretario de Justicia), Asa Hutchinson (director de la DEA) y John Walters (zar antidrogas), partidarios de que Colombia libre una guerra hasta sus últimas consecuencias contra la droga y los narcotraficantes. Esta postura de mayor agresividad sería respaldada por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y por el vicepresidente Richard Cheney. Por el contrario, el secretario de Estado Colin Powell sería partidario de una postura mucho más dialogante y pragmática.

Los signos de dureza se repiten. Así esta misma semana Oliver Garza, embajador de Estados Unidos en Nicaragua, alertó contra un eventual triunfo sandinista, especialmente en el caso de que no haya un cambio significativo en su política con respecto a los Estados Unidos. “Se mantiene nuestra política de defender a la democracia hasta que veamos cambios verdaderos por parte del partido sandinista en particular”. Es de esperar que esa postura de activa defensa de la democracia, también plasmada en la claúsula democrática del ALCA, se desarrolle por cauces estrictamente respetuosos de la legalidad vigente y que permitan el reforzamiento de las instituciones. En América Latina los atajos, que en el pasado condujeron al populismo y al autoritarismo, ya no sirven. Sólo resta apostar por más democracia y más justicia, una lucha en la que los Estados Unidos también han señalado que están comprometidos. Esperemos que así sea .
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