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    AUTOR
Hugo von Hofmannsthal

    GÉNERO
Novela

    TÍTULO
Carta de lord Chandos y otros textos en prosa

    OTROS DATOS
Traducción de Antón Dietrich. Madrid, 2001. 164 páginas. 1.925 pesetas

    EDITORIAL
Alba




Reseñas de libros/Ficción
El silencio como sabiduría.
Por José María Lassalle Ruiz, sábado, 9 de junio de 2001
¿Quién no ha sentido nunca la tentación abismática del silencio...? La incapacidad de reconducir la confusión anárquica que percibimos a nuestro alrededor es lo que lleva al personaje de la historia de Hofmannsthal a callar debido a la dislocación impotente que experimenta al "vivir" la realidad.
La figura y la obra de Hugo von Hofmannsthal (1874-1925) resultan fascinantes. Perteneciente a una acaudalada familia vienesa de origen judío -aunque luego cristianizada y ennoblecida por los Habsburgo-, su abuelo contrajo matrimonio con una dama de la nobleza lombarda que reforzó el aristocratismo familiar de los Hofmannsthal hasta transformarlo en una especie de esteticismo refinado en el que el arte y la vida se identificaron hasta corporeizarse, por fin, en ese unigénito de cuarta generación patricia que fue Hugo Laurenz August von Hofmannsthal.

Adolescente prodigio que bajo el pseudónimo de “Loris Melikov” colocó con dieciséis añitos sus artículos literarios en Die moderne Rundschau, su personalidad creativa no sólo desató la admiración de sus lectores, sino que fue capaz de deslumbrar a los círculos literarios que alrededor del café "Griendsteidl" organizaban buena parte de la vida cultural vienesa, hasta el punto de hacer decir a su descubridor, Hermann Bahr, que era una suerte de “¡Goethe en el banco de la escuela!”.
Uno de los rasgos de su creación es precisamente esa profundidad intelectual que sabe recubrir con un esteticismo brillante y pulcro a la vez, y en el que el dominio de la lengua llega a ser apabullante en ocasiones

Poeta, ensayista, novelista y dramaturgo, la obra de Hofmannsthal se caracteriza tanto por su exquisitez temática como por su elegancia discursiva, circunstancias ambas que, sin embargo, no hacen que esté desprovista de una solidez y una hondura conceptuales que resultan sorprendentes, quizá porque como dejó dicho en uno de sus aforismos: “Al igual que en los besos y los abrazos, también en el intercambio de pensamientos se comunican los hombres. Quien acepta un pensamiento, no recibe algo, sino a alguien”. De hecho, uno de los rasgos de su creación es precisamente esa profundidad intelectual que sabe recubrir con un esteticismo brillante y pulcro a la vez, y en el que el dominio de la lengua llega a ser apabullante en ocasiones, pues como dijo de él Stefan Zweig: “En toda la literatura mundial no conozco, salvo Keats y Rimbaud, ningún ejemplo semejante de infalibilidad en el dominio del idioma"; que es lo que uno percibe inmediatamente al asomarse a esos textos que, junto a la famosa “Carta de lord Chandos”, acompañan la magnífica edición que nos ofrece la editorial Alba a través de la excelente traducción de Antón Dietrich.

Pero por centrarnos ya en la famosa “Carta” que fue escrita bajo la tensa atmósfera del fin de siècle, la importancia de la misma radica en que a través de ella Hofmannsthal logra conducirnos hacia el silencio como única posibilidad cognoscitiva del hombre que vive en medio del caos huidizo e inasible que es la realidad que nos envuelve y conforma.
Como uno de esos estiletes que según Kafka son capaces de romper el hielo de nuestro espíritu, la “Carta de lord Chandos” nos coloca, en palabras de Claudio Magris, ante “un manifiesto del desfallecimiento de la palabra y del naufragio del yo en el fluir convulsionado e indistinto de las cosas, ya no nominables ni dominables por el lenguaje…”

Hay obras que constituyen en sí mismas un auténtico abismo. Situarnos ante ellas y, sobre todo, penetrar en su lógica supone una especie de cuestionamiento de nuestra propia identidad debido al extraordinario magnetismo expresivo que contienen. La fuerza corrosiva de las mismas nos lacera, sí, pero al mismo tiempo nos hacen descubrir la torsión indefinible de nuestra contradictoria y confusa existencia. Pues bien, como uno de esos estiletes que según Kafka son capaces de romper el hielo de nuestro espíritu, la “Carta de lord Chandos” nos coloca, en palabras de Claudio Magris, ante “un manifiesto del desfallecimiento de la palabra y del naufragio del yo en el fluir convulsionado e indistinto de las cosas, ya no nominables ni dominables por el lenguaje…”.

Publicada en 1902 bajo la forma de una carta dirigida al diario berlinés Der Tag, estamos ante una especie de prematuro testamento intelectual del propio Hofmannsthal: un testamento en el que, adoptando la voz de un joven aristócrata inglés que se dirige epistolarmente a Sir Francis Bacon, le explica a éste que está dispuesto a renunciar a su condición de poeta debido a su inutilidad moral ya que ha “perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre cualquier cosa… Y no por reservas de ningún tipo… sino porque las palabras abstractas que usa la lengua para dar a luz… se me descomponían en la boca como hongos podridos”.

De este modo, lo que precipita en el abismo del silencio a lord Chandos-Hugo von Hofmannsthal no es la indiferencia de la realidad, sino la percepción de que ésta es tan desbordante e inabarcable que la voz poética no puede pretender organizar y jerarquizar selectivamente la multitud de percepciones que asaltan la consciencia del sujeto creador. De ahí la necesidad de callar, de renunciar a cualquier compromiso con las cosas que están fuera de nuestra existencia aislada: porque al ser imposible la delimitación creadora que aporta la palabra, entonces, el signo lingüístico se convierte, como explica Magris, en “ostentación y vanidad, en [una] exhibición embarazosa” que no lleva a nada salvo a la tristeza de la incomunicación cuando, precisamente, se quiere todo lo contrario: expresar que uno vive y que no quiere seguir haciéndolo inmerso en la soledad…
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