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Opinión/Revista de Prensa
El Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a debate
Por ojosdepapel, sábado, 28 de abril de 2001
Repaso en la prensa española de los análisis y valoraciones de los resultados de la Cumbre de las Américas.
Frente a la imágenes de manifestaciones y violencia urbana que las televisiones esparcieron por todo el orbe a raíz de la reunión de los 34 jefes de estado americanos que tuvo lugar el Quebec el fin de semana del 20 al 22 de abril, los análisis y reflexiones aparecidos en la prensa española han entrado directamente en el fondo de la cuestión, en la condiciones del ALCA y la valoración de sus contenidos, siendo escasos los que han prestado atención a lo que Antonio López Campillo ha denominado “turismo revolucionario”, una moda inaugurada años atrás en Seattle (Libertad Digital, 25-4-2001)

Entre los pocos que valoran las iniciativas representadas por esos heterogéneos grupos antiglobalización se encuentra Ricardo Querol, para quien la “globofobia está logrando cambiar el discurso de los líderes e instituciones mundiales, obligados a mostrar alguna sensibilidad a las causas justas”, aunque matiza que “la crítica al sistema, muy necesaria, corre el riesgo de convertirse en una especie de folklore vandálico sin mensaje” (Diario 16, 23-4-2001) También le parecen justas a El Correo las peticiones de las fuerzas antiglobalización en cuanto a “garantías para los derechos individuales y colectivos, previsiones para la protección del medio ambiente e inversiones para el desarrollo social”, junto a la exigencia del debate en las instituciones adecuadas (El Correo, editorial, 22-4-2001)

Un genuino representante intelectual que respalda a los “globalofóbicos” es el conocido profesor José Vidal Beneyto, quien considera que el ALCA está inspirada “en la opción ideológica ultraliberal”, instrumento de los Estados Unidos para “institucionalizar la dependencia de Latinoamérica y constituirla definitivamente en su hinterland, primero económico, depués cultural y político”, operación frente a la que se ha organizado una Cumbre de los Pueblos, “una trinchera formada por más de 1000 organizaciones de más de 50 países” que “aspiran a proponerse como alternativa”, pidiendo en Québec transparencia, participación en los debates y la incorporación de los derechos y protecciones citados anteriormente (El País, 21-4-2001)
La globalización “sea buena o mala, es un fruto, necesario, de los avances científicos y técnico”, por lo que “luchar contra la globalización con palos y piedras es como hacer manifestaciones contra una nueva cepa de gripe”

Más radicales en las descalificación del ALCA son Juan Francisco Martín Seco y Eduardo Haro Tecglen. Para el primero, el acuerdo sólo supone “perfeccionar la nueva forma de colonización que los países ricos”, al tratarse de “una exigencia de las grandes empresas multinacionales”, un “caramelo envenenado que les ofrece Bush” a los países americanos, que “si lo aceptan hipotecarán su futuro a fondo y se habrán resignado a permanecer de forma indefinida en el subdesarrollo” (Estrella Digital, 25-4-2001) La globalización no existe para Haro, simplemente es una palabra que representa situaciones antiguas como el imperialismo y el acuerdo de Québec “significa la continuidad de los latinos en el servicio de trabajo –y de paro (sic)- a los sajones” (El País, 24-4-2001)

La mayor parte de los analistas coinciden en que la globalización, de la que va a formar parte institucional el ALCA, es inevitable (Darío Valcarcel, ABC, 26-4-2001; Lluis Foix, La Vanguardia, 24-4-2001; José María Carrascal, La Razón, 21 y 24-4-2001) Y “sea buena o mala, es un fruto, necesario, de los avances científicos y técnico”, por lo que “luchar contra la globalización con palos y piedras es como hacer manifestaciones contra una nueva cepa de gripe” (Antonio López Campillo, Libertad Digital, 25-4-2001).

El centro de la cuestión lo ocupa el componente de simple libertad de comercio que se le asigna al acuerdo de Quebec. Para buena parte de los comentaristas, la iniciativa de Bush procede de los intereses económicos estadounidenses de reeditar de alguna forma la doctrina Monroe, “América para los (norte)americanos”, alarmados por la creciente llegada de capitales y empresas europeas y por el acercamiento de la UE a los países latinoamericanos en forma de convenios y tratados (José Vidal Beneyto, El País, 21-4-2001; El Mundo, editorial, 22-4-2001; El Correo, editorial, 22-4-2001; Ricardo Querol, Diario 16, 23-4-2001; Juan Tugores Ques, La Vanguardia, 24-4-2001)
Buena parte de los analistas subrayan el enorme abismo que separa a las economías de los dos grandes países del norte de las del resto de las sociedades americanas, lo que ha empujado al propio Fox, pues México ha sido muy beneficiado por el tratado Nafta, ha pedir la constitución de fondos de cohesión similares a los europeos

El más radical en las prédicas sobre el libre comercio es Pedro Schwartz. Razonablemente previene contra una futura división del mundo en bloques económicos que caigan en la tentación del proteccionismo (como la UE) y dejen fuera a los más débiles, pero donde está que rompe la pana es en su idea de que el libre comercio se ha de extender a los países regidos por dictaduras, pues actúa como disolvente de éstas y "lleva a una mejora espontánea de las condiciones de trabajo de los más pobres" (La Vanguardia, 25-4-2001) Sobre las propuestas de los ultraliberales que viven de los presupuestos del Estado, como catedráticos siempre ha sobrevolado el estigma de la incoherencia (tantas oportunidades por ahí fuera en universidades privadas, incluso fomentándolas como emprendedor, y seguimos "fijos, sin peligro de regulación") Pero esta vez la ocurrencia salida del caletre de don Pedro, con su idea de extender sin cortapisas ni condiciones el libre comercio a los regímenes corruptos y dictaduras, hará las delicias de los "Corleone", "Soprano", "Oubiñas", "Escobedos"..., mafiosos reales e imaginarios a la búsqueda de pequeño estados (capital no les ha de faltar) para instalar su particular Arcadia en el corazón de las tinieblas.

La perspectiva comparada que ofrece la Unión Europea no puede dejar de gravitar en todos los análisis, desde el más radical, como Martín Seco, que recuerda irónicamente el reproche de déficit democrático que se le hace constantemente a la UE (Estrella Digital, 25-4-2001). Efectivamente, buena parte de los analistas subrayan el enorme abismo que separa a las economías de los dos grandes países del norte de las del resto de las sociedades americanas, lo que ha empujado al propio Fox, pues México ha sido muy beneficiado por el tratado Nafta, ha pedir la constitución de fondos de cohesión similares a los europeos (El Mundo, editorial, 22-4-2001; El Correo, editorial, 22-4-2001; Ricardo Querol, Diario 16, 23-4-2001; El País, editorial, 23-4-2001; Darío Valcarcel, ABC, 26-4-2001) Profundiza este ámbito Joaquín Roy citando a Jean Monnet (“nada es posible sin la acción de los hombres, pero nada es duradero sin las instituciones”), es decir, la carencia en el ALCA de las instituciones y los recursos que el caso europeo ha demostrado imprescindibles para “el trasvase de recursos del rico norte al pobre sur (...) una de las prioridades del proceso de integración”, pues Europa supo tempranamente que las diferencias regionales eran un cáncer que se debía extirpar (...) y, eso cuesta dinero y voluntad política para buscarlo” (Joaquín Roy, Diario 16, 21-4-2001)

El catedrático de economía Juan Tugores remacha la perspectiva europea, respaldando las tesis de Fox: “El comercio crea riqueza y permite aprovechar mejor los recursos, pero los costes de reajuste de las estructuras productivas y sociales son inevitables y una de las tareas de la política es preparar mecanismos de compensación y redistribución para que la eficiencia económica y la cohesión social no tengan que ser percibidas como antitéticas. Este es un primer reto de la integración comercial entre desiguales, relevante en Europa y decisivo para América” (Juan Tugores Ques, La Vanguardia, 24-4-2001)
Como indica Guillermo de la Dehesa respecto al fenómeno globalizador, se trata de “hacer toda la fuerza (no violenta) posible ante todas las instancias públicas y privadas, nacionales e internacionales, para que no haya perdedores netos en este proceso de progreso tan prometedor para la economía mundial”

No obstante, con tanta perspectiva europea y tanta diabolización del yanqui, casi nadie repara en que el “diablo” tiene sus propios problemas de intedencia, ¡pobre Bush!. Así es, el enviado de Libertad Digital a la Cumbre de las Américas, Julio A. Cirino, constata que “nadie duda de que Bush está personalmente comprometido en la idea del libre comercio hemisférico y el proyecto ALCA mucho más profundamente de lo que lo estuvo su predecesor. La pregunta que queda flotando es, hasta qué punto logrará “vender” este entusiasmo a sus conciudadanos y (...) cuánto capital político estará dispuesto a invertir en un Congreso profundamente dividido” (25-4-2001) Y es que nadie parece contemplar que en Estados Unidos pugnan numerosos intereses proteccionistas o partidarios de otros acuerdos más amplios (Darío Valcarcel, ABC, 26-4-2001)

En este contexto suenan coherentes las palabras de Antoni Estevadeordal (departamento de integración y programas regionales del Banco Interamericano de Desarrollo, Washington DC): “...sólo muy de vez en cuando la historia ofrece oportunidades que no hay que desaprovechar. España la tuvo con su incorporación a Europa. América latina y el Caribe muy probablemente la tienen con su integración con los vecinos del Norte” (La Vanguardia, 27-4-2001) Como indica Guillermo de la Dehesa respecto al fenómeno globalizador, se trata de “hacer toda la fuerza (no violenta) posible ante todas las instancias públicas y privadas, nacionales e internacionales, para que no haya perdedores netos en este proceso de progreso tan prometedor para la economía mundial” (El País, 21-4-2001).
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