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Tribuna/Tribuna libre
Jose Luis de Vilallonga
Por Bernabé Sarabia, sábado, 21 de abril de 2001
José Luis de Vilallonga, Marqués de Castellvell y Grande de España es, a sus ochenta y dos años, un iconoclasta peligroso al que la crítica pretende ignorar. En los dos volúmenes publicados, Vilallonga no deja títere con cabeza, pero ello no impide que con este pedazo vivo de la historia española se haga justicia.
El segundo tomo de las memorias de José Luis de Vilallonga, en las librerías desde el pasado mes de marzo, está ya en las listas de libros más vendidos. La editorial Plaza y Janés ha orquestado un lanzamiento que ha puesto a Vilallonga en todos los medios de comunicacón. Todo muy lógico porque la aparición el año pasado, en la misma editorial, del primer tomo autobiográfico, La cruda y tierna verdad, fue un gran éxito de ventas.

Entre tanta prepublicación, comidas con periodistas, entrevistas en televisión, radio y prensa llama la atención que, hasta hoy, ninguno de los cuadernos culturales de los grandes periódicos haya publicado la crítica de Otros mundos, otra vida. ¿Cuál es el motivo para que de modo unánime no se recensione un libro, escrito por un famoso, que se vende bien?

Un hecho de esta naturaleza puede tener distintas explicaciones, pero una de ellas podría estar en los recuerdos que ahora salen a la luz. En los dos volúmenes publicados Vilallonga no deja títere con cabeza. Arremete contra personas e instituciones.
El escarnio que comete Vilallonga con las decenas de personas que saca en sus páginas (...) encuentra cierta contrapartida en cómo queda él mismo: peor imposible

La primera entrega va desde su nacimiento en 1920 hasta su boda con una inglesa millonaria de la nobleza. La descripción de la España noble y adinerada de los años treinta pone los pelos de punta. El relato de la participación del joven Vilallonga en la Guerra Civil resulta estremecedor y la narración de los meses pasados tras su final, en Lisboa, a la espera de su traslado junto con su mujer al Reino Unido es simplemente patética.

La entrega de ahora, aunque menos vibrante, sigue la misma tónica de injuria y de constante falta de respeto. Comienza con el recuerdo de un encuentro con Josep Pla en 1946 en un café situado en el Ensanche barcelonés. Por lo visto, el escritor ampurdanés, tras una tertulia con diversos amigos, se habría despedido de Vilallonga diciendo: “Escriba, joven, escriba…”. De ahí nace, según la solapa del primer volumen, la vocación de escritor del joven mal de casa bien. Tonterías, ese episodio de la biografía de Vilallonga suena a mampostería, como ocurre con mucho de lo que relata.

Tras instalarse en el seno de una familia perteneciente a la nobleza inglesa, los esposos Vilallonga se trasladan a la Argentina de Perón para criar caballos y tener hijos. Con el matrimonio haciendo agua, viaje a Francia e instalación de Vilallonga en París como escritor. El libro acaba con nuestro Marqués y Grande de España entrevistando a De Gaulle para la revista Paris-Match.
La riqueza de estas dos entregas autobiográficas requiere, pese a lo destructor de las mismas, entrar en el estudio pormenorizado de ellas a través de la crítica minuciosa y especializada

El escarnio que comete Vilallonga con las decenas de personas que saca en sus páginas, tanto si habla de Alfonso XIII como si lo hace de Antonio Alvarez Solís, por referirse a dos de sus personajes bien distintos y distantes, encuentra cierta contrapartida en cómo queda él mismo: peor imposible.

En todo caso lo evidente es, en primer lugar, la eficacia narrativa de Vilallonga. Su escritura tiene la capacidad descriptiva de Somerset Maugham con un toque amargo a lo Cèline. Por si ésto fuera poco el análisis social, tanto de ricos como de nobles españoles e ingleses, es tan detallado que Vilallonga debería ser de lectura obligatoria no ya en las clases de periodismo sino en las de sociología. Su reflexión en torno a la identidad de determinados estratos de pudientes argentinos merece lectura.

La riqueza de estas dos entregas autobiográficas requiere, pese a lo destructor de las mismas, entrar en el estudio pormenorizado de ellas a través de la crítica minuciosa y especializada. Que no se haga con este pedazo vivo de la historia revela que en la cultura española hay mucho de infantil y represora.
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