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Carlos Malamud

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Alejandro Toledo

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Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Toledo vs García: un duelo a cara de perro
Por Carlos Malamud, sábado, 14 de abril de 2001
El hecho de que Alan García dispute con Alejandro Toledo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas fue juzgado por numerosos medios de comunicación como una verdadera sorpresa. Sin embargo, las encuestas confidenciales que circulaban en Lima cuarenta y ocho horas antes de la elección hablaban de un empate técnico entre Lourdes Flores, la gran favorita para acompañar a Toledo, y García. A esto hay que añadir el espectacular crecimiento en las encuestas del candidato del APRA, que en dos meses pasó del 2 por ciento a más del 20 por ciento en las preferencias del electorado.
Uno de los significados de cholo es perro, una palabra despectiva que se utiliza en los Andes para referirse a los mestizos o a los indios occidentalizados. Pese a todo, este significado peyorativo no es obstáculo a que determinados sectores peruanos hayan asumido positivamente en su identidad el concepto de cholo y hasta lo exhiban con orgullo. Esto es lo que ocurre con Alejandro Toledo, el candidato presidencial de Perú Posible, también llamado familiarmente por algunos de sus seguidores como Choledo. Y será a cara de perro como Toledo encarará la segunda vuelta frente a Alan García.

Una de las diputadas electas en las listas de Perú Posible es Paulina Arpasi Velásquez, una dirigente campesina de origen indígena, aymara, que señala que asistirá a las sesiones parlamentarias con su indumentaria típica. Quien fue secretaria general de la Confederación Campesina del Perú, tiene claras cuáles son sus principales señas de identidad y cómo defenderlas. También sabe que para reivindicar en el Parlamento las posiciones de los indígenas o los campesinos peruanos no necesita acudir enmascarada al hemiciclo.
La elección del pasado 8 de abril se enfrentaba en Perú con bastantes certezas y algunos interrogantes. Muchos de ellos se han cumplido y otros no

La elección del pasado 8 de abril se enfrentaba en Perú con bastantes certezas y algunos interrogantes. Muchos de ellos se han cumplido y otros no. Tratemos de analizarlos más detalladamente. En primer lugar, estaba bastante claro que Toledo ganaría la primera vuelta, aunque no conseguiría la mayoría absoluta y que por tanto se debería volver a votar. Lo que no estaba tan claro era con quien debería competir, pese a la aparente solidez de Lourdes Flores, la candidata de Unidad Nacional.

También estaba claro que el Congreso que saldría de las elecciones estaría muy fraccionado. Y así ocurrió. Las cifras provisionales, a la espera de las definitivas que se harán públicas en las próximas horas señalan que Perú Posible contará con 45 diputados, de 120; el APRA, 27; Unidad Nacional, 17 y el FIM (Frente Independiente Moralizador), de Fernando Olivera, 10; mientras que los 19 escaños restantes se repartirán entre otras seis opciones. Esto significa que 10 partidos (por llamarlos de alguna manera) estarán presentes en el Parlamento peruano.
García volvió al Perú, después de largos años de exilio, y su campaña electoral fue una especie de vini, vidi, vinci

Una de las principales cuestiones a analizar es por qué Alan García tuvo tan buen desempeño, más allá de su excelente oratoria, de sus indiscutibles dotes políticas y del nada anecdótico hecho de que fue el único candidato respaldado por un auténtico partido político. La duda es todavía mayor si tenemos en cuenta su anterior paso por el gobierno, que dejó un saldo de hiperinflación, corrupción y violaciones contra los derechos humanos. Pese a ello, García volvió al Perú, después de largos años de exilio, y su campaña electoral fue una especie de vini, vidi, vinci.

García se benefició de que Toledo y Flores, que se consideraban los ganadores virtuales de la primera vuelta, lo ignoraron durante mucho tiempo, lo que cual le permitió llegar tranquilo desde atrás, con un discurso estructurado que alcanzaba el corazón y el bolsillo de la gente, sin entretenerse en estériles debates, como los sostenidos por los otros dos contendientes. Para colmo, Lourdes Flores pensando en su casi seguro pase a la segunda vuelta no se tomó demasiado trabajo en desmentir las injustas acusaciones de estar vinculada al fujimorismo. Tampoco la ayudó demasiado la principal consigna de su campaña: Un país de triunfadores.
El debate que mantengan ambos candidatos será vital para definir la orientación de los electores y en este terreno la experiencia y la oratoria de García pueden ser determinantes

La principal incógnita es cómo van a votar los peruanos en la segunda vuelta, para cuya celebración se barajan las fechas del 20 de mayo o del 3 de junio. ¿Lograrán Toledo y García mantener su caudal electoral? ¿Cómo votarán los seguidores de Flores y los de Olivera? ¿Qué harán los más de 1.200.000 peruanos que votaron en blanco? A priori podría pensarse que los votantes de Flores, mayoritariamente votos de Fujimori en anteriores comicios, deberían decantarse por Toledo. Pero aquí hay dos cuestiones a tener en cuenta. Una, el racismo de la sociedad peruana y el temor de muchos blancos de votar a un candidato como Toledo. Y segunda, el recuerdo de mucho fujimorista de que Toledo fue la verdadera bestia negra de Fujimori. Tal como dejó claro Martha Chávez, una de las más destacadas voces del ex presidente en el anterior Congreso, que señaló que “en Toledo solamente veo simulaciones” y que Alan García significa el mal menor. Precisamente será la idea del mal menor la que prime en la mayoría de los votantes.

El debate que mantengan ambos candidatos será vital para definir la orientación de los electores y en este terreno la experiencia y la oratoria de García pueden ser determinantes, aunque el recelo de los mercados, fundamentalmente por su anterior gestión, le pueden pasar seria factura. De ahí su empeño de embarcar en su gobierno a técnicos libres de cualquier sospecha como Hernando de Soto. Pero Toledo tampoco es manco y tiene múltiples recursos. De todas maneras, sea quien sea el ganador, Perú necesitará de un gobierno de concertación, donde las fuerzas se sumen, especialmente en el Congreso, para llevar a buen y definitivo puerto esta transición que recién empieza y que el país tanto necesita.
Si bien la actual cúpula militar puso sus cargos a disposición del presidente Paniagua el problema es de gran calado porque prácticamente no hay relevo posible. Pocos son los generales o almirantes que no firmaron el acta de sujeción

Sea quien sea el ganador, Toledo o García, lo cierto es que el futuro presidente debe asumir importantes retos. El frente militar es uno de ellos. Dos días antes de la elección se hizo público un vladivideo en el que se veía a más de 400 jefes y altos oficiales de las Fuerzas Armadas firmando un documento, en presencia del siniestro Vladimiro Montesinos, donde apoyaban el golpe de 1992 y rechazaban cualquier investigación por violaciones a los derechos humanos. Era un cheque en blanco a favor de Fujimori y Montesinos, que comprometía el futuro institucional del país y de sus propias Fuerzas Armadas.

Si bien la actual cúpula militar puso sus cargos a disposición del presidente Paniagua el problema es de gran calado porque prácticamente no hay relevo posible. Pocos son los generales o almirantes que no firmaron el acta de sujeción. En la Fuerza Aérea sólo hay dos tenientes generales que no lo hicieron, por estar fuera del país en ese momento. En la Marina la situación es más preocupante porque de los ocho vicealmirantes en activo, todos lo hicieron. Malos aires soplan para las Fuerzas Armadas peruanas, situación compleja para el nuevo gobierno, que deberá afrontar estas y otras delicadas cuestiones con un fuerte respaldo popular.
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