lunes, 02 de octubre de 2006
Joseph Roth: “Crónicas berlinesas” (Minúscula, 2006)
Autor: ojosdepapel - Lecturas[4068] Comentarios[0]
Selección de los artículos que Joseph Roth dedicó al Berlín de los años veinte. En ellos el novelista y periodista recrea con mano maestra la peculiar atmósfera que reinaba durante la República de Weimar

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Título: Crónicas berlinesas
Autor: Joseph Roth
Edición, notas y posfacio: Michael Biernet
Traducción: Juan de Sala Llovet
Editorial: Minúscula
Lugar y fecha: Barcelona, 2006
Páginas: 292
Precio: 16,50 €

Este volumen reúne una selección de los artículos que Joseph Roth (Galitzia Oriental, 1894-París, 1939) dedicó al Berlín de los años veinte. En ellos el novelista y periodista recrea con mano maestra la peculiar atmósfera que reinaba en la capital alemana durante la República de Weimar. Ningún ambiente de la ciudad le es ajeno, se interesa tanto por los grandes almacenes, los parques públicos y la naciente industria del espectáculo como por los medios de transporte, los barrios pobres en los que vivían los inmigrantes judíos, los baños turcos y los garitos frecuentados por delincuentes de medio pelo.

"Yo dibujo el rostro del tiempo" afirmó en una ocasión refiriéndose a su cometido como reportero. Nada más cierto: de la lectura de estos textos, en su gran mayoría inéditos en castellano, escritos entre 1920 y 1933 y publicados en distintos periódicos, emerge el poderoso retrato de una metrópoli inquieta y deslumbrante en uno de los momentos más críticos de su historia.

En la crítica del profesor de la Universidad Complutense Luis Fernando Moreno Claros para Babelia (26-8-2006), suplemento cultural del diario El País, titulada Reportero del asfalto, tras una muy breve alusión a lo más importante de su obra novelística (principalmente La marcha de Radetsky) caracteriza a Joseph Roth como “escritor imprescindible del siglo XX”, cuya obra periodística de más de mil trescientos artículos “...elevan aún más el listón de la calidad artística y humana de este judío austrohúngaro, nómada y cosmopolita que vivió en `tiempos de oscuridad´. Desde los años de la Gran Guerra, en la que participó como combatiente, hasta el triunfo de Hitler, que lo empujó al exilio en París, donde moriría destrozado por el alcohol y casi una vida de clochard, Roth fue uno de esos testigos privilegiados de la crisis y la ilusión de una Europa resquebrajada”.

Sobre la ciudad que retrata en sus crónicas, el reseñista precisa lo siguiente: “Berlín era una ciudad que a él no le gustaba, al menos no como Viena o París, y en sus artículos -que fueron muy leídos, siendo su firma de las más cotizadas en una época de grandes periodistas- se mezclan el asombro y el escepticismo, la piedad y la acidez de manera tan sutil que obligaban a los lectores a mirar su ciudad desde inesperadas perspectivas.” Roth ambiciona “...dibujar el rostro del tiempo, en su caso, ese tiempo en la gran metrópoli, de la que a Roth le interesaba cada rasgo: los judíos y sus calles reservadas, el tráfico rodado y los omnipotentes semáforos, los grandes almacenes (¡qué pequeño gran artículo al respecto, idóneo para leerlo sobre las escaleras mecánicas de uno de nuestros actuales centros comerciales!), los lugares de ocio, el cine y todas las virtudes y vericuetos de la modernidad.”

El final de “...aquella capital tan variopinta que fue el Berlín de los años veinte, Babel europea, tibia imitadora de París y Nueva York, iluminada por falsos esplendores y de extravagante cultura” es de sobras conocido: “El hitlerismo terminó con todos aquellos seres liberales, `ociosos y corrosivos´, y junto con ellos ahogó el `espíritu y la cultura´, lo mejor que nunca tuvieron Alemania y Austria".

La conclusión de la lectura de Moreno Claros es muy positiva: “Crónicas berlinesas es, en suma, un delicioso atisbo -excelente la traducción y un acierto las fotografías de época- de la producción de aquel genial reportero del asfalto, del asiduo frecuentador de tranvías y cafés, tan ácido y melancólico como sesudo, que fue Joseph Roth”.


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