lunes, 06 de noviembre de 2006
Una tarde con Henning Mankell y Kurt Wallander
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[5610] Comentarios[11]
El sábado por la tarde me quedé solo, sin nada que hacer. Me fui al despacho a trabajar, pero acabé comiendo sobaos y leyendo una historia de Kurt Wallander escrita por Mankell

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Juan Antonio González Fuentes

El sábado pasado no estaba ella. Por la mañana se marchó en avión hasta Madrid para reencontrarse con una buena amiga sevillana. A eso de la doce menos cuarto sobrevoló su avión el campo de fútbol en el que yo, en ese mismo instante, marcaba con facilidad un gol después de varias semanas sin hacerlo.

Como todos los sábados, comí en casa de mi madre. Y después de ver en casa una película de Tim Burton, me enfrenté al hecho de la soledad. Toda la tarde y noche del sábado por delante para pasarla solo. Cuando no está ella el mundo es zozobra. Ni siquiera me afeité después de ducharme, ni me eché unas cuantas gotas de M-7 de Yves Sant-Laurent, ni me cambié de ropa... Sin ella me abandono a la desidia cotidiana, al spleen más errabundo.

Bueno, decidí bajar al despacho a trabajar un rato. Sí, iba a corregir las pruebas de una revista, a escanear algunos textos, preparar las diapositivas para la clase de historia del lunes... No faltaba tarea para entretenerme solo, en la soledad del despacho del vacío edificio de tres plantas.

Dejé al perro en casa con esa mirada que pone cuando me voy, como si se despidiese de mi para el resto de su vida, y bajé a las calles. Bullían las aceras de gentes que iban y venían. Los cafés estaban abiertos y de su interior brotaban luces doradas y olor a infusiones y mantequilla dulce. Planeaba ya en el ambiente el olor provinciano a castañas asadas, a fritura de churros con azúcar en las plazas, a risas adolescentes que van al cine como si de la mayor aventura posible se tratara.

Me entró de repente hambre, pero hambre de goloso exquisito, de capricho confitero. Como iba caminando por el atestado Paseo de Pereda, entré en la confitería Gómez y pedí dos sobaos de los grandes. Quien no haya probado jamás los sobaos de Gómez no ha probado nunca un sobao de verdad: nada que ver, pero nada, con los que venden estuchados en los bares y en los supermercados. El sobao que venden en Gómez es una delicatessen pensada para los paladares dulces de los dioses, una delicatessen bastante consistente, eso sí, pues basta comer uno solo para estar sobradamente alimentado durante al menos dos o tres días.

Con el paquetito de sobaos en la mano, seguí caminando por el paseo y deteniéndome cada treinta o cuarenta pasos en los kioskos que jalonan la ancha calle: periódicos, prensa extranjera, juguetes, mil y una revistas, discos compactos, dvds, golosinas, libros, fascículos, videojuegos..., todo un escaparate para asomarse al ancho mundo desde la estrechez pasmosa de estos increíbles y abigarrados bazares del todo y la nada.

Entonces vi el libro: La leona blanca, de Henning Mankell. Lo compré inmediatamente y me encaminé ya sin demora hacia el despacho. Abrí, entré, encendí los ordenadores, las impresoras, los escáner..., me senté en la silla giratoria. Corté el nudo del hilo que cerraba el paquete de sobaos, cogí uno y lo desvestí de su capa de papel encerado y comencé a comerlo. Abrí el libro para hojearlo sólo unos instantes, pero me atrapó de tal modo que no pude dejarlo hasta consumidas doscientas y pico páginas.

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Henning Mankell

Había visto los libros de Mankell, claro, en las librerías, pero como buen prejuicioso que soy, jamás me decidí a leerlos: eran sólo novela negra, y además, escritos por un sueco. Pero a finales de este verano, estábamos cenando en un conocido restaurante de mi ciudad, mi amigo el decano Dámaso López, su mujer, la profesora de literatura Juana Victoria Gallego, ella y yo.

Recuerdo que hablábamos de Jane Austen y de George Eliot, lecturas veraniegas de las dos féminas presentes, cuando Juan Victoria “confesó” que había leído una historia de Mankell, y le había atrapado de tal modo, que no había podido soltar el libro casi ni durante los saludables baños de ola en las playas de El Sardinero.

Entonces recordé que a mí siempre me habían gustado las novelas negras cuando sus autores eran de los buenos, y me vino a la memoria una frase que no sé ahora quien pronunció, pero que era algo así como que la literatura duradera del siglo XX será la negra, la novela negra, o no existirá. Coincidió, además, aquella cena veraniega y el charlar sobre Mankell con la aparición en los kioskos de una colección de libros con el nombre “Novela negra actual”, y en la que se ofrecían y ofrecen títulos de dos de sus más conocidos cultivadores de nuestros días, Donna Leon y el propio Mankell.

He leído ya cuatro obras de Mankell, las cuatro protagonizadas por ese policía de la ciudad sueca de Ystad llamado Kurt Wallander, un héroe-antihéroe que ya está sin duda en los anales de los más grandes protagonistas de la novela negra de toda la historia de la literatura.

Los libros de Mankell, con Wallander en primer plano, me han interesado y conmovido. Me ha interesado cómo está situada la típica acción y trama de una novela negra, es decir, asesinatos, robos..., en la geografía en apariencia calmosa, civilizada y aburrida de una pequeña ciudad de Suecia, país en principio al que situamos completamente ajeno a las virulentas pasiones e intrigas que debe llevar consigo cualquier asesinato. Me ha interesado cómo Mankell desarrolla la acción de sus historias en un clima helado, en unos paisajes grises, nevados, lluviosos..., en unas carreteras en las que nadie circula a velocidad excesiva y se conducen domésticos Peugeot. Me ha interesado la reserva y normalidad de una policía sueca, en las antípodas de los superpolicias violentamente tecnificados de EE.UU, que trabaja paso a paso, con medios escasos y asequibles, errando aquí y allá, pero resolviendo los casos en la medida en que se pueden, a veces, resolver.

Y me ha emocionado Kurt Wallander. Ese policía imperfecto, con una vida personal bastante deteriorada, pero en la que no falta la esperanza, y tampoco la desesperanza...; ese policía desarmado, que no comprende a su hija, a su padre..., pero que es capaz de entender el crimen, como algo nada ajeno a la humanidad.

Es Mankell un escritor hondo y sabio, capaz de levantar un universo complejo, lleno de claroscuros, de incomprensiones fatales, de seres humanos cargados con todo sentimiento y toda condición, y es capaz Mankell, insisto, de conducirnos por ese mundo mostrándonos todos y cada uno de sus rincones, y haciendo de ese viaje, una experiencia literaria y humana de primer nivel.

No adelanté nada de trabajo la solitaria tarde del sábado. La eché de menos a ella, comí dos sobaos exquisitos, y estuve de viaje en una pequeña, fría y húmeda ciudad sueca. Pasé la tarde en compañía del inspector Wallander. Se lo debo agradecer a un magnífico escritor llamado Mankell.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente .


Comentarios
13.02.2007 18:53:41 - OLIVIA
Comentarios ...YO NUNCA HABÍA LEÍDO NOVELA NEGRA HASTA QUE TROPECÉ CON MANKELL. FUE UN VERANO Y ME ENGANCHÉ. LEÍ ALGÚN LIBRO MÁS DE ÉL Y YA NO PUDE PARAR, CREO QUE ME QUEDA UNO DE RELATOS Y NO SÉ SI ALGUNO DE LA SERIE DE LA HIJA. ME PARECE UN AUTOR NADA AL USO, DEBIDO A SU FACETA DE DIRECTOR TEATRAL. LA SOBRIEDAD DEL TONO Y DE LOS PERSONAJES A MÍ EN CONCRETO ME ATRAPARON. UNA VEZ MÁS LA SENCILLEZ SE VUELVE LA CLAVE

23.02.2007 18:52:24 - manuel
Los Perros de Riga me supieron a poco...aun se deslizan por mi garganta, arañando y gruñendo...recordándome el año de mi vida en San Peteersburgo (qué similitud entre Riga y San Petersburgo...suciedad, caos, sombras, miseria económica y moral...)...me supieron a poco y quiero más Wallander...pero lo necesito por oden cronológico...necesito crecer con él...entender su vida...su miedos...ir con él de la mano y mecerme con sus amores imposibles, acunarme con sus teorías sobre la decadencia de lo moderno...
Alguien podrá ayudarme a ordenar su vida?...Alguien querrá decirme cuál de las novelas es la 1ª, la 2ª....la última?...Gracias...
msjg63@hotmail.com
Saludos


06.04.2007 14:41:54 - Ana
El primer libro que leí fue Asesinos sin rostro, el cual me gustó tanto que me obligó a seguir buscando los demás, de esta saga que parece no terminar para alegría nuestra. Ahora me voy por Pisando los talones (el cual empezaré) pues ayer terminé La quinta mujer. De todos el que más me ha mantenido alerta ha sido La leona blanca.
Adeu


06.05.2007 22:59:14 - Pedro L.
Comentarios ...He leído todos los de Mankell hasta "cortafuegos" hoy acabo de comprar "El retorno del profesor....." y espero hacerme con todos. Otro autor que me gusta (no de literatura negra) es Valerio Massimo Manfredi, y por cierto estoy de acuerdo, los mejores sobaos los de confitería Gómez, a la par de los de "El Macho" (los grandes sobre todo).

26.08.2007 20:52:12 - pilar
Comentarios ... acabo de descubrir a Mankell con su novela Los perrros de Riga y creo que he encontrado una mina. Genial¡¡ y despues la he visto representada en película. No se si forma parte de una serie (al estilo de Hércules Poirott) pero me ha encantado igualmente ya que se puede ver imágenes de Riga y algú paisaje de Lituania.

26.08.2007 20:57:38 - pilar
Comentarios ...para quiene pregunata por un supuesto orden de lectura de sus novelas :www.planetadeagostini.es/uploads/numeros_0/190_mankelldonna.pdf

12.09.2008 0:50:35 - Juan



Comparto totalmente la emoción que describes ante el personaje de Kurt Wallander, ese policía tan alejado del de la película yankee y tan cercano en su humanidad en su soledad a cualquiera de nosotros...la serie de Wallander es mucho más que novela policiaca y tan apasionante es la trama de sucesos como la interna de Wallander. También como dices el marco es absolutamente origina e interesante. Me estoy leyendo la cuarta después de haber leido las otras tres seguidas. Siento a Kurt Wallander ya casi como a un amigo personal.


10.01.2009 10:32:54 - jorge



1 asesinos sin rostro
2 los perros de riga
3 la leona blanca
4 el hombre sonriente
5 la falsa pista
6 la quinta mujer
7 pisando los talones
8 cortafuegos
9 la piramide (aunque este libro son relatos cortos anteriores a la serie)
10 antes de que hiele (en el que la protagonista ya es linda wallaner, la hija de kurt wallander)


25.08.2009 17:46:54 - Myriam



Mi madre y yo descubrimos a Mankell y Wallander en Círculo de Lectores. Vamos comprando todos y cada uno de los libros que se traducen. He leído incluso "Comedia infantil", que de comedia no tiene nada. Es un libro muy duro, por los temas que trata, pero está escrito con mucha delicadeza, sin ser lacrimógeno. Como leía un libro tras otro, llegué a sentir que conocía en persona a Kurt, a su padre, a su hija Linda, a su exmujer, a su amante... es cercano, puede ser tu vecino, tu amigo. Me encanta, nos tiene enganchadísimas este hombre.


10.02.2010 22:12:17 - inma



yo leí mi primer libro estas navidades, y resulto ser el ultimo. El hombre inquieto. Desde entonces no he parado ya voy por el septimo de la serie, es un placer leer a mankell. Nadie me habia hablado antes de este autor, lo descubri por casualidad y sigo enganchadisima. Me paso el dia pensando en el ratito que tendre para sentarme a leer a mi policia favorito. Una gozada.


03.04.2010 22:02:36 - emilio
Respuesta al comentario de inma el 10.02.2010.

Hola inma. llego aquí de casualidad. te contesto porque me pasó lo mismo que a tí con mankel y los deboré todos...Te recomiendo al americano Michael connelly, se puede decir que es la antítesis de mankell, pero sólo aparentemente.....un saludo..desde cádiz.










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