martes, 16 de diciembre de 2008
Una poética para ser traducido al rumano. Carta a Corina Potor
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4351] Comentarios[0]
No es la primera vez que me traducen a otro idioma. Sin embargo sí es al primera vez que quien me traduce se pone en contacto conmigo y me pide ayuda dado lo difícil de mi escritura. Ha sido la rumana Corina Potor quien se ha visto en el aprieto de “estudiarme”, y quien me pidió ayuda para intentar entenderme, para procurar ser más precisa y fiel en su trabajo

Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Hace unas semanas tuve la enorme fortuna de ver algunos de mis poemas en prosa traducidos al rumano. Han aparecido en una cuidada publicación de título Echivalente/Equivalencias, editada por la colección La Sirena del Pisueña, en la ya mítica imprenta santanderina Bedia. En realidad se trata de unos hermosos pliegos en los que comparto espacio con poetas como Miguel Ibáñez, Juan José Roiz de la Parra y Carlos Villar Flor.

No es la primera vez que me traducen a otro idioma. Hace ya muchos años me tradujeron algunos versos al árabe en un libro editado por algún Cervantes marroquí, e incluso he visto algunos de mis textos volcados al braille. Sin embargo sí es al primera vez que quien me traduce se pone en contacto conmigo y me pide ayuda dado lo difícil de mi escritura. Ha sido la rumana Corina Potor quien se ha visto en el aprieto de “estudiarme”, y quien me pidió ayuda para intentar entenderme, para procurar ser más precisa y fiel en su trabajo.

Yo no le contesté a dudas concretas, sino que le hablé de mi forma de entender hoy en día la escritura poética, reflexionando brevemente al respecto. La carta que le envié es esta:

“Estimada Corina Potor, mi amable traductora al rumano.

Ya imaginaba yo que mi “simbolismo”, “más agreste que el de Paul Valéry”, como me escribes, iba a dificultar la traducción de mis poemas en prosa, aunque paradójicamente, siempre he pensado que debería facilitarla, pues no exige fidelidad extrema a las palabras, sino que deja completamente abierto al lector, y al traductor, el significado e intencionalidad de las mismas.

Soy poeta abstracto. Sí. No soy un poeta realista ni “figurativo”. No pinto ni describo paisajes, no retrato..., mi poesía se asemeja a la forma de pintar que tenía, por ejemplo, Jackson Pollock: se extiende el lienzo en el suelo y se dejan caer sobre él manchas, colores, formas que expresan desde su abstracción, desde su ausencia de formas definidas, al menos desde un punto de vista lógico, racional y tradicional.

Yo extiendo palabras sobre el folio y éstas se van adecuando, se van interrelacionando unas con otras hasta lograr, desde mi punto de vista, expresar precisamente esos territorios expresivos, estéticos, éticos, conceptuales que quedan siempre fuera, que no se iluminan mediante el uso del “lenguaje normalizado”. Yo busco torcer las palabras y sus significados, romperlas, darles la vuelta para usarlas de forma exploratoria en busca de aquellos espacios del pensamiento y el sentimiento que nunca son expresados por el uso normal de las palabras, por sus significados y equivalencias comunes.

Juan Antonio González Fuentes, Miguel Ibáñez, Juan José Roiz de la Parra y Carlos Villar Flor: Echivalencia/Equivalencias (La Sirena de Pisueña, Santander, 2008)

Juan Antonio González Fuentes, Miguel Ibáñez, Juan José Roiz de la Parra y Carlos Villar Flor: Echivalencia/Equivalencias (La Sirena de Pisueña, Santander, 2008)

Siempre he creído que la poesía contemporánea, después de las experiencias históricas del siglo XX con su barbarie industrializada y comercializada, debe intentar situarte frente al abismo de la existencia desde el abismo que nosotros mismos somos. Se trata de intentar decir con palabras poéticas lo que no es decible.

Cuando se publicó hace unos pocos años la antología de la joven poesía en prosa española por la editorial barcelonesa DVD, me hicieron tres preguntas que debía contestar y que, espero, te den alguna pista para afianzar tu traducción que, seguro, es excelente. Ahí van las preguntas y sus respuestas.

1. ¿Qué te mueve a escribir poemas en prosa?

El poema en prosa es un ámbito de expresión en el que creo que respira bien la naturaleza de mi concentrado discurso poético. Un discurso en gran medida autobiográfico, que plasma hechos interiorizados y que se hace palabra con una clara voluntad de ser terco testimonio, de convertirse en fragmento de vida, ideas y sensaciones, en recurrente eco de la memoria. Un discurso poético que en todo momento apela a la libertad del lector a través de una expresión siempre abierta a los acercamientos de carácter múltiple.

2. ¿Puedes señalar algún modelo preexistente que te haya influido a la hora de decantarte por el género?

Antes de hablar de posibles influencias en mis poemas en prosa, me gustaría señalar que no creo mucho en los llamados “géneros literarios”. Y no lo hago porque opino que buena parte de la mejor y más decisiva obra escrita contemporánea, está construida en una frontera de expresión y en un escenario comunicativo que no puede delimitarse con las cómodas pero hoy inoperantes reglas tradicionales de los géneros al uso.

En cuanto a las posibles y ya aludidas “influencias”, de existir éstas lo hacen sin duda en un contexto descrito ejemplarmente por Javier Gomá en su espléndido trabajo Imitación y Experiencia, premio Nacional de Ensayo.

Si desde los griegos hasta el siglo XVII la imitación de modelos gozó de aceptación y crédito en todo occidente, a lo largo de los siglos XVIII y XIX la teoría de la imitación cayó en el mayor descrédito al no aceptarse que un hombre libre y racional perdiese su propia autonomía bajo la influencia de modelos ajenos. Sin embargo, durante el pasado siglo XX el valor de la imitación resurgió, pero atendiendo a un entramado nuevo y distinto al clásico: tanto el modelo o ejemplo a imitar como los sujetos influenciados son elementos libres y racionales, por lo que el modelo no se presenta como fijo e inmutable y el sujeto influenciado no lo es desde la pasividad y la aceptación impersonal y sin atisbo de crítica.

Así, imitación y experiencia se revelan conceptos cuya mutua relación se pone de manifiesto de la mejor manera posible en la idea de ejemplo. Uno es influido por un ejemplo, y la experiencia a la que se presta atención es la del ejemplo imitado. Lo que se le pide al ejemplo en el que se busca influencia es que posea rasgos de excelencia. En este sentido señalaré algunos ejemplos de excelencia cuyo trato ha podido influir de alguna manera en mi escritura. Ejemplos que, para no extenderme aún más, voy a reducir al ámbito de poemas en prosa en español publicados durante el pasado siglo por poetas españoles. Aquí van tan sólo algunos de los que podría citar: el Juan Ramón Jiménez de Espacio; el Antonio Gamoneda de Lápidas o Libro del frío; el José Hierro de “Cinco cabezas”; el José Ángel Valente de No amanece el cantor; y los poemas en prosa de autores como Sánchez Robayna, Clara Janés o Vicente Valero.

3. ¿Qué futuro como forma poética de valía le auguras al poema en prosa?

Exactamente el mismo que al resto de formas de escritura poética. La cuestión es ¿qué futuro tiene en nuestro mundo la poesía escrita?

Al menos desde el Romanticismo, la mayor parte de los poetas han pretendido lo mismo, es decir, arrojar alguna luz sobre el mundo para a la vez arrojarla sobre sí mismos, o viceversa. Tal vez donde he hallado expresada esta idea de forma más certera y hermosa ha sido en palabras de Roberto Juarroz: “hablar ante el abismo en el que estamos con el abismo que somos”. Se trata, en definitiva, de procurar penetrar en los términos de aquello que no es decible. Esa es a mi juicio lo que busca el poeta y su función principal.

Lo que ocurre en este comienzo de siglo es que el orden cultural en el que Occidente se forjó durante siglos entró en crisis abierta y probablemente definitiva hace ya tiempo, por lo que varias generaciones han vivido a la deriva, encadenados a una incertidumbre cuya materialización principal puede haber sido lo que George Steiner ha definido como la paulatina “retirada de la palabra”. Pues bien, en este punto crítico actual es donde el poeta creo que debe jugar un papel esencial: ser un transmisor decisivo entre generaciones de lo que Gadamer ha venido en llamar “la íntima sabiduría del balbucir y enmudecer”, o lo que es lo mismo, del uso arriesgado, meditado, trabajado, indagador, intuitivo, riguroso, imaginativo..., de la palabra.

El edificio cultural levantado por la Ilustración (cimentado en la palabra) no sobrevivió, entre otras realidades, a los campos de exterminio nazis. Las distintas sociedades occidentales de comienzos del siglo XXI ya no producen ni perpetúan gran parte de su cultura con herramientas literarias y humanísticas. La era del humanismo moderno pasó hace tiempo a mejor vida, como certifica en un trabajo Sloterdijk, y con él la “palabra se retira”, va perdiendo espacio vital. En nuestros días, todo debate serio en torno al futuro de la poesía fundamentada en la palabra, adopte esta la forma que adopte, opino que sólo puede partir del análisis y comprensión de esta realidad aquí descrita. Todas las demás posibilidades de debate se me antojan, en esta hora, aburridos e inútiles ejercicios de malabarismo.

Quizá como en ninguna otra etapa de la historia hayan tenido tanto que ver entre sí el futuro próximo del hombre, el de la poesía y el de la palabra.

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Microrrelatos de Juan Antonio González Fuentes publicados en el Blog:

-Poemas en prosa desde París
-Cuatro poemas en prosa escritos en la Toscana
-Cuatro microrrelatos poéticos con perfume sicalíptico     

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Reseña de Juan Antonio González Fuentes en el número de diciembre de Ojos de Papel:

-After Dark, libro de Haruki Murakami


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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