miércoles, 31 de mayo de 2006
Rocío Jurado y la increíble España de Merimée
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[994] Comentarios[1]
El interés despertado por la larga enfermedad de la tonadillera Rocío Jurado, vuele a traer al primer plano de la reflexión la vitalidad de la España de Merimée.

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Juan Antonio González Fuentes

Hace ya unos años vi en un periódico local una viñeta que me hizo mucha gracia y me pareció muy interesante, pues captaba en esencia una realidad que entonces se vivía en España y que pasados los años creo que se ha acentuado aún más. No podría asegurarlo con rotundidad, pero creo que el autor de la misma era el Perich, un dibujante de inteligencia rabiosa y melancólica. Se veía en el dibujo a dos personajes que caminaban bajo la marquesina de un cine, y uno le decía al otro: “tantos años esperando que desapareciera la censura para esto”. La película que se anunciaba en el cine como estreno llevaba por título: “Indiana Jones contra el Pato Donald”.

Esta elocuente viñeta y su hondo significado me han venido estos días a la mente cuando todos los telediarios nacionales, un día sí y otro también, han hecho un hueco en su tiempo para ofrecer con todo lujo de detalles y generosidad de espacio la última crónica sobre el estado de salud de la tonadillera Rocío Jurado. Mi perplejidad aumentó cuando el pasado lunes día 29 varios telediarios dedicaron también parte de su tiempo a contarnos cómo en el pueblo de la tonadillera, Chipiona, en Cádiz, decenas de personas llevaban semanas reuniéndose en la iglesia del lugar para rezar por la recuperación de la cantante o, en el peor de los casos, por su alma llegado el fatídico momento. Ciertamente estoy estupefacto. Y me sorprendo a mí mismo diciendo en voz alta: “tanto tiempo esperando la consolidación de la democracia y la integración en la Unión Europea para esto, para comprobar una vez más que la España y los españoles de caricatura cutre y decimonónica no sólo no han pasado a mejor vida, sino que parecen afianzados como nunca en la más precisa realidad nacional, y encima generando alrededor lucrativos negocios explotando el esperpento”.

Si uno se detiene un segundo a pensarlo no puede dar crédito. Si hace 25 años, en 1981, alguien me hubiese asegurado que en una España próspera y desarrollada, sólidamente integrada en la Unión Europea y con un bagaje de normalidad democrática de casi tres décadas, se iban a dedicar horas y horas de programación televisiva en horario de máxima audiencia a la enfermedad de Rocío Jurado, y se iban a vender centenares de miles de revistas sobre el mismo asunto, con toda la ingenuidad de la que soy capaz debo asegurar que no lo hubiera creído.

Pero sí, hoy buena parte de la sociedad española está pendiente de la salud de Rocío Jurado. Y si a un extranjero tuviera que explicarle quién es la persona que concita tanto interés, tantas lágrimas, tanto espacio televisívo, tanto papel del colorín, rosarios y novenas en la iglesias…, tendría que decirle que es una cantante de las de bata de cola casada con un torero, madre de una hija habida en un anterior matrimonio con un boxeador, y que esta hija de profesión mis lucrativas labores se casó con un guardia civil del que al poco se separó, y que tiene dos hermanastros hispanoamericanos con nombres extraídos con toda seguridad de un culebrón venezolano.

Lo cierto y quizá más acongojante es que probablemente el extranjero se quedase tan tranquilo, y encajase la descripción con toda normalidad en la idea general de España que, al parecer, aún se tiene mayoritariamente por esos mundos de Dios, es decir: toros, toreros, batas de cola y guardias civiles con tricornio.

Claro que si quien echase un vistazo a las revistas del corazón o encendiese un momento la televisión a determinadas horas del día fuese un resucitado general Franco (qué historias de terror se me ocurren!), sin duda no caería en la cuenta de que lleva más de treinta años pudriéndose en el Valle de los Caídos, y pensaría sencillamente que acababa de levantarse de un siesta un poco más larga de lo normal. Digo esto porque Franco se toparía en ambos medios con los mismos personajes que hace décadas pululaban ya por la que muchos calificábamos con pena, vergüenza y un aire de inferioridad heredada, como España de pandereta, periférica, absurda, racial, frívola y no europea. En televisión y en las revistas siguen ocupando su espacio Marujita Díaz, Rocío Durcal, Sara Montiel, Carmen Sevilla, Jaime Peñafiel, el Dúo Dinámico, Marisol, Joselito, Carmen Martínez-Bordiu, Raphael, Karina, Massiel, Julio Iglesias, los Ordóñez, los Bosé, etc, etc..., más un número ingente de tonadilleras, futbolistas y toreros de hornada nueva que, al parecer, concitan el interés general de la audiencia española.

Qué resistencia, qué vitalidad más asombrosa, indomable y corajuda la de la España de Merimée. Y qué perplejidad inabarcable la mía.

Comentarios
31.05.2006 11:22:59 - Mercurius
Atención a los lectores de este blog: estamos asistiendo al esperado nacimiento de un Fígaro santanderino. Qué suerte la nuestra, poder comenzar cada día leyendo sus sueltos. Que esto no acabe, por favor.









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