Juan Antonio González Fuentes
Le propongo al lector de estas líneas que haga un ejercicio de imaginación, y que por un momento piense en la existencia de un famoso e importante bailarín español que durante la dictadura de
Pinochet hubiese viajado varias veces a Chile, donde de manos del dictador hubiese recibido agasajos y condecoraciones. Imaginemos que el bailarín, además, públicamente hubiese declarado en numerosas ocasiones que el régimen de Pinochet era necesario y que contaba con su apoyo incondicional. Continuemos imaginando y pensemos por un instante que el bailarín muere y el régimen de Pinochet llora su desaparición con grandes titulares de prensa e inequívocas muestras de condolencia.
Imaginemos también que un inmenso poeta hispanoamericano se hubiese significado a favor del régimen nazi, y que en el año 1945 hubiese viajado al Berlín del Tercer Reich para ser condecorado por las manos del mismísimo
Adolf Hitler, mientras a no muchos kilómetros las chimeneas de los campos de exterminio lanzaban al aire un espeso humo.
Imaginemos para finalizar que la muerte del bailarín y la celebración del centenario del nacimiento del poeta se producen el mismo año, por ejemplo el pasado 2004. ¿Qué tratamiento le daría la “progresía” española a ambos sucesos? ¿Qué reflexiones haría y qué subrayaría especialmente de sus vidas? ¿Qué podríamos leer sobre el bailarín y el poeta en el periódico
El País, por ejemplo? Conteste el propio lector a estas preguntas desde la honradez y la sinceridad consigo mismo.
Hace unos cuantos meses murió
Antonio Gades reiterando con su último aliento que el régimen comunista de
Fidel Castro es poco más o menos el paraíso en la tierra. La prensa cubana lloró en primera página y con grandes titulares la desaparición del bailarín, a quien el dictador Fidel Castro había recibido y condecorado; sí, el mismo Fidel Castro que tortura y mantiene en prisión a poetas, homosexuales y demás “disidentes” de su régimen.
Pablo Neruda, el inmenso poeta chileno viajó a Moscú, creo que en el año 1953, para recibir de manos del régimen de
Stalin uno de los máximos reconocimientos de la Unión Soviética, el premio Lenin; repito, de manos del gobierno de Stalin, quien para aquel entonces ya se sabía que había torturado, confinado y exterminado a millones y millones de sus compatriotas, convirtiéndose probablemente en el mayor genocida de la historia.
¿Quién duda del talento artístico de Gades?, ¿quién duda de la importancia de la obra poética de Neruda? Con estas líneas sólo quiero hacer constar mi frontal rechazo a la ausencia de honradez intelectual, y a la repugnante manipulación de enfoques a la que nos tiene acostumbrada buena parte de la progresía nacional, término que no sé qué demonios significa, pero que sé muy bien a quien significa.