viernes, 07 de diciembre de 2007
La poesía de González Fuentes por González Iglesias
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4649] Comentarios[0]
Cuando en el año 2004 Icaria publicó Atlas de perplejidad, todos mis poemas en prosa escritos entre 1989 y 1995, tuve la fortuna de que Juan Antonio González Iglesias escribiera el prólogo

 Juan Antonio González Fuentes

Juan Antonio González Fuentes

Cuando publiqué el libro Atlas de perplejidad (Icaria, Barcelona, 2004), compendio de mi poesía en prosa publicada ante los años 1989 y el año 1995, es decir, entre mis 24 y mi 30 años de edad, tuve la enorme dicha de que prologase el libro uno de los más importantes poetas de mi generación, uno de los poetas que ya vaticino desde esta página está llamado a ser referencia inexcusable en la poesía en español contemporánea. Me refiero a Juan Antonio González Iglesias. Él comparece hoy en estos Ojosdepapel mientras yo respiro aires irlandeses pre-navideños en un Dublín que no sé cómo va a recibirme. Les dejo con Juan Antonio, con mi buen amigo González Iglesias.

Juan Antonio González Fuentes: Atlas de perpejlidad (Icaria, Barcelona, 2004)

“Juan Antonio González Fuentes debe ser percibido en la literatura española contemporánea como un poeta independiente. Uno de nuestros independientes de calidad, o, me atrevería a decir, de lujo. Decir poeta independiente debería ser una redundancia, pero es un valor. En nuestras letras pocas poesías como la suya entregan un fruto tan logrado de lo mejor de la tradición noble y lo mejor de la libertad de las vanguardias. Libertad en la forma, en su poesía en prosa o en sus versos sin servidumbres. Libertad en sus imágenes insólitas. Por otro lado, esa libertad se inserta en la estirpe de la alta poesía intelectual, espiritual y moral. Alta poesía moral la de este poeta antropológico y cosmológico, que en cada texto se juega su condición humana en el universo. El hombre en el mundo: lo que ha de ser un verdadero poeta, eso es González Fuentes. Enfrentándose con valentía y belleza a su propio destino. Por una analogía misteriosa, cada poema suyo es, dicho casi con sus propias palabras, "el balance de todos sus días".

La edad es siempre un factor poético, porque el tiempo nos constituye tanto como constituye a la poesía. González Fuentes nos cuenta que la cercanía de los cuarenta años ha movido la publicación de este libro. Pero, como suelen hacer los que viven con cierto desajuste, hace mucho que tiene prevista su propia madurez: en la primera sección de Atlas de perplejidad, "Del tránsito y su pérdida" (datada hace aproximadamente quince años) podemos leer: "Caminaré hacia donde la existencia sea abierta a los vientos todos... forjando así un destino sin regreso... sin residuo joven". Se prevén epitafios, se otea la muerte ("tu mirada se detendrá en aquella edad en la que nunca osaste perecer"), se añoran los dioses, incluso se vislumbra "una eternidad sin faunos". No parece casual que el último poema se cierre "con el sabor del verano en los labios" y una fórmula implacable: "eterna despedida".

En algún momento ha hablado González Fuentes de la infinitud que corresponde a la poesía, como encargada de lo indecible. Quizá la perplejidad nombrada en este libro tenga algo que ver con ello. Ya la Guía de perplejos de nuestro filósofo cordobés se resistía a una traducción simple, y algunos la entienden como orientación para desorientados. Puede que ésas sean las coordenadas íntimas de este Atlas. Y aunque en él se encuentran poéticas explícitas, me he permitido subrayar algunas líneas que me han parecido excelentes definiciones de la poesía: "desnudar el canto", "salvación de gramática perdida", "el abrazo con todo lo inconcluso" o "sutil acto de deletrear sin vocales la oscuridad que tanto extraño". Autorretratos exactos de esta prosa poética fronteriza con el misterio, en ellos se define también toda auténtica poesía.

Por todo ello, la realidad no se nombra aquí de manera inmediata casi nunca. Sin embargo, la frecuencia del mar y algún apunte de la ciudad del poeta muestran el anclaje directo en las cosas del mundo que tiene esta escritura. Otro ejemplo: a fuerza de omisiones, la mujer y el amor protagonizan bastantes textos. Se esboza un estudio de lo que se ha llamado el eterno femenino. Si se presta atención a cada una de sus palabras, los poetas elípticos y poco narrativos –y González Fuentes lo es– resultan los mejores para contar historias de amor.

Hay mucho pasado en estos poemas y mucho futuro. Pero prevalece el presente, como corresponde a la madurez. Un presente hecho de contemplación y de tránsito: "asisto", "cruzo", "voy", "marcho como el mármol final de un sueño". La conciencia extrema de la fugacidad puede dar lugar a una inmovilidad desesperante. Esa paronomasia –marcho / mármol– ¿no transmite un angustioso imposible? Ahí está la clave de su nostalgia de la acción: cierto vocabulario heroico, cetros, enseñas, misterios, los dioses o al menos el nombre de los dioses... Por otra parte, el contemplativo se ve abocado literariamente a dos extremos: lamentarse o fundirse. Así su anhelo de coincidir con el tiempo da formas contemporáneas a dos antiguos géneros. La elegía retorna devastadoramente, con la memoria del tema de la rosa: "Helado instante, cementerio de batallas... Te veo marchar con la velocidad rugosa de las flores". En la voluntad de fusión con el transcurso de las cosas se reconocen también los residuos de la mística: "me aficiono a toda duración".

Corresponde al poeta lanzar las exclamaciones que los demás no lanzan: "Con qué exacta lentitud el mar pospone su inocencia". También formular interrogaciones únicas: "¿Qué nada te une a mí, piedad exquisita, en amor tan estéril...?" No hacen falta más pruebas de que González Fuentes cumple igualmente con la custodia de la belleza del idioma. Por otra parte, no se arredra ante la crítica moral, incluida la autocrítica, con algún brote de ironía: "formo parte de una fraternidad... complacida ante la piadosa liberalidad del autoengaño". Lo cierto es que en un contexto cultural pobre o débil, como el que nos ha tocado vivir, no cabe duda de que poeta es alguien que quiere "conocer el nombre de los dioses". Sobre todo, el que declara con inequívoca rotundidad: "me acojo a la intensidad de la excepción". Ahí lo dejamos.


 NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.

 


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