Juan Antonio González Fuentes
El sábado por la mañana jugué el litúrgico partido de fútbol de todas las semanas. Me tocó en la banda derecha, como casi siempre, cubrir al exbarcelonista
Amunike, y me otorgué una paliza de muerte que en nada remediaron los aquarius de naranja con los que festejé el triunfo, y van... Después de la ducha y el cambio de ropajes, pasé por la librería y luego marché a comer. La pasta con salsa boloñesa me reconfortó bastante, y la película de
Claude Chabrol en dvd de después, me dejó como casi todas las del francés, un tanto estupefacto y pensativo.
Intenté echar un sueñecito, pero el cansancio y el dolor en las piernas no me lo ponían fácil. En cuanto perdía un poco el conocimiento, Amunike se me aparecía driblando a diestro y siniestro con el balón en los pies. Así que hice una cafetera y empecé a leer. Acabé la ligera aventura del inspector Brunetti salido de la pluma de
Donna Leon, y acto seguido terminé también las últimas páginas del diario norteamericano de
Zenobia Camprubí.
Bajé con el perro a la calle, tomé otro café y salí de casa, después de merendar unas cuantas rodajas de pan tostado con mantequilla y mermelada de ciruela.
Extrañamente no había muchísima gente en la gran superficie. Pudimos aparcar con cierta facilidad y, después de tomar otro café y sacar las entradas, deambulé por la tienda de discos y dvds, y luego por la espaciosa librería. Lo cierto es que, como siempre, muy a gusto me hubiera llevado a casa varias compras, pero poseo un cierto sentido de la responsabilidad y conseguí pasear entre las mesas y vitrinas sólo acariciando los preciosos tesoros.
Me detuve sin embargo un instante en la sección de poesía y descubrí un libro recopilatorio de poemas, una especie de antología de la poesía española y portuguesa contemporánea en hermosa edición de mi amiga, la poeta
Amalia Iglesias. El libro se titula
Poetas en blanco y negro contemporáneos, y está editado por la madrileña Abada este mismo año, 2006. Le eché un vistazo al índice onomástico y detecte muchos nombres de poetas conocidos:
Eduardo Moga, Riechmann, Gamoneda, Blanca Andreu, Valero, Gimferrer, Sophia de Melo, etc... Por malsana curiosidad busqué en la g, y descubrí que también estaba incluido mi gran amigo
Juan Antonio González Iglesias, y justo sobre el suyo, aparecía mi nombre. Bueno, me lleve la alegría de la tarde!!! Me busqué, comprobé que efectivamente estaba allí mi breve reseña bibliográfica, eché un vistazo a los poemas incluidos y, claro, compré el libro. Veintiséis euros del ala, sí, había hecho la tarde, como quien dice.
Con el libro en una mano y con otra mano en la otra, nos encaminamos al cine. Entramos en la sala y me llevé una nueva alegría (¡qué sábado más estupendo, pensé!): pronto estrenarán en España la última película de
Woody Allen, y siguiendo una costumbre arraigada en mi cinefilia, no me la perderé por nada del mundo.
Bien. ¿Qué fui a ver? Pues la última película de
Brian de Palma,
La dalia negra, basada en la novela del mismo título del conocido escritor del género negro actual
James Ellroy, autor también, por ejemplo, de
L.A. Confidential.
Brian de Palma
Brian de Palma pertenece a esa generación de cineastas norteamericanos que tanto prometieron en sus días de juventud, muchos de ellos ítaloamericanos (
Coppola, Scorsese, Cimino...), y que apenas han cumplido las expectativas en ellos depositadas. Cineastas universitarios y muy mediatizados ya por la televisión, muchos han procurado hacer un cine de género, ateniéndose siempre a las claves más reiteradas y repetitivas de los mismos, pero sin conseguir casi nunca levantar el vuelo, lograr algo personal y memorable. Su cine, el de de Palma, con frecuencia presenta una cuidada, casi deslumbrante, factura. En él todo es casi impecable, desde la elección de actores (muchas veces grandes estrellas holywoodienses, como
Scarlett Johansson, que a mí ni me hace particularmente mucha gracia), hasta la puesta en escena, pasando por las historias que cuenta, muy a menudo policiacas, entretenidas y un tanto confusas en su línea argumental (algo también muy propio de los trabajos literarios de Ellroy).
Scarlett Johansson
El gran problema del cine de Brian de Palma es que acaba siendo un pastiche de los modelos seguidos, un pastiche en el que falta la garra, la contundencia y la sabiduría narrativa de los originales. ¿Es
La Dalia negra una mala película?, no, sinceramente no. ¿Es una gran película?, no, sinceramente no. A lo largo del metraje, a poco cine que se haya visto, tienes la sensación de que de Palma encaja las piezas de un puzzle reiterativo y al que te has asomado muchas veces y con mejor fortuna. Casi cada plano empleado por el director tiene en la memoria del cinéfilo un referente en alguna otra película anterior del género. ¿Recuerdan, por ejemplo, la escena del cochecito de bebe cayendo por las escaleras en medio de un tiroteo en
Los intocables de Eliot Ness? Bueno, pues clavadito a la celebérrima escena de la matanza de las escaleras de Odessa del
Acorazado Potemkin de
Eisentein. Y así tantas y tantas secuencias del cine del director ítaloamericano.
Aquí, en
La dalia negra, hay algunas referencias pálidas al cine de
Howard Hawks, y desde luego, a mucho del cine de detectives americano de los años 40 y 50 de clase b. Las gabardinas empapadas por la lluvia de los detectives, el ambiente boxístico, las mujeres hermosas que son tentaciones peligrosísimas y que conducen a finales desgraciados, tramas en las que se mezclan la corrupción y el poder con oscuros dramas familiares..., pero todo pintado a la acuarela en vez de al óleo, todo servido con vino de mesa en vez de con vino envejecido con sabiduría en barricas antiguas, todo televisivo en vez de captado con el ojo que piensa en la gran pantalla... Todo ya mordido y ensalivado.
¿Deshonesto? No, ni mucho menos. Simplemente decepcionante si te disfrazas de exigente. Brian de Palma hubiera sido un director más de los muchos que trabajaban en los grandes estudios de los años cuarenta o cincuenta. Un artesano competente, capaz de sacar adelante y en plazo, proyectos pensados para entretener un buen rato a los aficionados en programas de doble y triple sesión. Nada más, y nada menos.
Lo malo del cine presente es que hoy las películas de Brian de Palma se visten de esperados acontecimientos, y es entonces cuando sus trabajos pueden incluso llegar a irritarte. Pero el sábado fue un buen día: le gané a Amunike, me incluyeron en una antología sin saberlo, comí bien, terminé dos libros, vi una película inquietante de Chabrol, tenía en mi mano una mano que estrechar..., y Brian de Palma me hizo pasar un buen rato con su
Dalia negra, pastiche al que ni siquiera vi pretencioso. Fue un buen sábado, repito. Y
La Dalia negra un entretenimiento. Gracias, de nada.
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NOTA: En el blog titulado
El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente .