jueves, 11 de octubre de 2007
La biblioteca de los libros perdidos
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[6779] Comentarios[2]
El británico Stuart Kelly ha escrito un libro estupendo sobre los libros de grandes autores que nunca llegaron a serlo por diversas circunstancias

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Juan Antonio González Fuentes

Imagino que muchos de ustedes están al tanto de que uno de los escritores más geniales e imprescindibles del siglo XX, el checo Franz Kafka, dejó encargado a su amigo Max Brod que destruyera a su muerte todas sus páginas inéditas. Siempre he pensado que tal petición la hizo Kafka con la boca pequeña, pues si tanto interés tenía en que su trabajo literario jamás viera la luz ni estuviera al alcance del público, lo más sencillo y lógico hubiera sido destruirlo él mismo, quedándose así con la completa seguridad de que su objetivo iba a cumplirse. Pero no, efectuó un encargo que jamás fue llevado a cabo, de lo cual los lectores y la humanidad en general debemos alegrarnos, pues de otro modo obras fundamentales como América, El proceso, El Castillo o Carta al padre no habrían vivido en las páginas impresas de un libro y no formarían parte esencial de la conciencia occidental del pasado siglo.

La anécdota siempre me ha hecho pensar en la importante cantidad de títulos que sí se han perdido para los lectores por causas de lo más variopintas, obras de autores desconocidos que murieron en el más completo anonimato y sin lograr ver una sola página impresa con su nombre, o por el contrario, de autores conocidos, incluso aclamados y con una legión de seguidores esperando la aparición de cualquiera de sus escritos.


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Stuart Kelly: La biblioteca de los libros perdidos (Paidós, 2007)


Precisamente de estos últimos casos es de lo que trata el libro del británico Stuart Kelly, La biblioteca de los libros perdidos, y que no hace mucho apareció en español gracias a la editorial barcelonesa Paidós. Kelly, nuestro autor de hoy, estudió lengua y literatura inglesa en Oxford, es crítico del Scotland on Sunday, y vive en una de las ciudades más hermosas y literarias de Europa, Edimburgo. Puedo dar fe.

A lo largo de las casi 400 páginas de este libro magníficamente editado, Stuart Kelly nos acerca a la historia de decenas de libros que nunca llegaron a serlo por diversos motivos: la destrucción (el retrato de Sócrates que debería aparecer en las Fábulas de Esopo), la pérdida (Ultramarino, de Malcolm Lowry, que fue robado del interior del auto del que iba a editar la obra), la desaparición del autor (caso de La presa de Hermiston de R. L. Stevenson, al que la muerte alcanzó antes de poner el punto final), la destrucción (Gogol arrojó al "fuego purificador" la segunda parte de Almas muertas tras experimentar una conversión religiosa que le hizo pensar que toda literatura sólo era una forma de paganismo), el robo (a William Burrouhgs le robaron el manuscrito de El almuerzo desnudo), o simplemente la no escritura (así ocurrió, por ejemplo, con el que debería haber sido el segundo volumen de las memorias de Vladimir Nabokov, Habla, América).

De todas estas obras, y de muchas más que muy probablemente formarían parte de una buena biblioteca si hubieran visto la luz, habla Stuart Kelly en este entretenidísimo y bien documentado libro en el que obra tras obras perdida, robada, destruida, no concluida y no escrita, se van llenando las estanterías de una hipotética biblioteca de libros perdidos.

¿Cuál es quizá el mayor inconveniente de este volumen? Que como suele ser habitual en los autores anglosajones, se centra en exceso en los títulos perdidos de su propia tradición literaria, y son los autores británicos y estadounidenses quienes abrumadoramente llenan estas páginas. El único español que merece la atención de Kelly es el de casi siempre, Cervantes, pero ni los franceses, ni los alemanes, ni mucho menos los italianos, por hacer algunas menciones, salen mejor parados. Sólo los libros perdidos escritos o pensados por los clásicos grecolatinos pueden competir en espacio con los escritores en inglés.

Con todo, la lectura del libro es una verdadera delicia, páginas que invitan a continuar con la aventura lectora en todo momento y en casi cualquier circunstancia. Por cierto, en estos días en los que nos enteramos por la prensa de que a Spielberg y a Coppola les han robado material básico de las que iban a ser sus próximas películas, me pregunto si podría hacerse un libro sobre las películas perdidas, y, por qué no, sobre las pinturas perdidas, las partituras, fórmulas matemáticas, descubrimientos científicos, los planos de edificios, las esculturas... ¿Cuánto material creativo y artístico de inmenso valor se habrá extraviado y destruido a lo largo de la historia? ¿Estaríamos como género en el mismo lugar en el que estamos ahora si esas obras tan diversas del esfuerzo y el talento humano hubieran sido realidad y se hubieran conservado? Vayan ustedes a saber, les dejo dedicando unos segundos a pensar en el asunto.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


Comentarios
20.10.2008 21:37:23 - RUBI BARRETO





20.10.2008 21:38:08 - RUBI BARRETO












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