martes, 28 de julio de 2009
El marqués de Queensberry, suegro de Oscar Wilde
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[4707] Comentarios[0]
Lo que menos gente sabe es que el octavo marqués de Queensberry, el célebre creador de las reglas del boxeo, es decir, John Douglas, en tiempos más cercanos a nosotros y propicios a las relaciones más abiertamente audaces, bien pudo haberse convertido en el amado suegro del poeta Oscar Wilde
Juan Antonio González Fuentes 

Juan Antonio González Fuentes

Desconozco, claro, si muchos de ustedes saben quién fue el octavo marqués de Queensberry, John Douglas. Probablemente a los aficionados al boxeo les suene de algo, incluso de bastante. John Douglas fue sin duda un gentleman o caballero a quien el pugilismo a las bravas, así sin reglas y a lo bestia, le debía de parecer una ordinariez, una actividad sólo apta para rufianes y demás canallesca. Como eso de intentar derribar a un contrario mediante un certero golpe, al octavo marqués seguro que le resultaba un entretenimiento con serias posibilidades de transformarse en deporte incluso apto para olímpicos, pues un buen día decidió regular con normas eso del intercambio de mamporros, pariendo el boxeo moderno.

El octavo marqués, Queensberry of course, impuso que los púgiles enfundasen sus puños en guantes de cuero, con objeto de paliar en la medida de lo posible los daños causados por la desnudez de las manos. También estableció que los contendientes se clasificasen atendiendo a su peso, para evitar que un mastodonte de cien kilos le lanzase golpes a la cara a un alfeñique de cincuenta. Dividió las peleas en asaltos de tres minutos de duración, tiempo suficiente como para darle bien al otro, y tiempo lo bastante breve como para no desfondarse en una carnicería. Entre cada asalto estableció un minuto de descanso para recuperar fuelle, darle un trago al agua milagrosa, y escuchar desde la lejanía los consejos de alguien situado en una esquina del cuadrilátero. Además, el marqués prohibió agarrarse al contrario, que el preparador ayudase a levantarse a su pupilo cuando fuera derribado, y logró que un árbitro dirigiese el combate y contará hasta diez como cuenta de protección al caído ante de cantar el final del combate.



Tráiler original de Gentleman Jim, del director Raoul Wals (vídeo colgado en YouTube por foxter65)

Al parecer la primera vez que dichas reglas se aplicaron en una pelea oficial fue el 7 de septiembre de 1892, en el Olympic Club de Nueva Orleáns. Los luchadores fueron John L. Sullivan (The Big, El Grande) y James J. Corbett, más conocido como Gentleman Jim. La historia de este famoso combate la contó como nadie Raoul Walsh en una de esas películas imperecederas que a uno siempre le llevan al paraíso de la infancia, la aventura, los buenos tiempos de la ensoñadora inocencia. The Big era en la película Ward Bond y Jim el maravilloso Errol Flynn. La película se titula (qué hermoso) Gentleman Jim, Caballero Jim.

Lo que menos gente sabe es que el octavo marqués de Queensberry, es decir, John Douglas, en tiempos más cercanos a nosotros y propicios a las relaciones más abiertamente audaces, bien pudo haberse convertido en el amado suegro del poeta Oscar Wilde, pues el hijo del marqués, Lord Alfred Douglas, digamos que fue escandalosamente pareja del autor del Retrato de Dorian Grey, y fuente a borbotones tanto de su dicha (imagino) como de su desdicha (confirmo).

Pero esa es otra historia.

***

Últimas colaboraciones de Juan Antonio González Fuentes en Ojos de Papel:

-LIBRO: Stieg Larsson: Millennium 3. La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino, 2009).

-PELÍCULA: Niels Arden Oplev: Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009).

Más de Stieg Larsson:

-Millenium 1. Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2008)

-Millennium 2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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