martes, 26 de enero de 2010
El futuro del Centro de Estudios Montañeses en la historiografía
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[1919] Comentarios[0]
El futuro del Centro de Estudios Montañeses pasa por ser, como lo ha sido a lo largo de estos 75 años, una fidedigna, útil y valiosa expresión de las circunstancias generales que vive la sociedad en la que está ubicado y en cuyo beneficio y mejor conocimiento se esfuerza. Repito, ya han pasado 75 años desde aquel lejano mes de enero de 1934; años en los que las circunstancias económicas, políticas, sociales y culturales de nuestra región y de nuestro país han sido de verdad cambiantes


 

Juan Antonio González Fuentes

No pueden faltar muchos días, acaso algunas semanas, para que sea una realidad material el libro que el Centro de Estudios Montañeses va a editar con un acercamiento variopinto y multidisciplinar a sus 75 años de historia. Hoy ha llegado al despacho las últimas pruebas de un libro que tendrá casi 500 páginas, y en el que se hace un repaso bastante pormenorizado de la propia historia de la institución desde 1934 hasta la actualidad, y de su contribución a la historiografía de Cantabria partiendo del análisis de su producción editorial en general, del papel desempeñado por su buque insignia historiográfico, la revista Altamira, y otros aspectos a tener en cuenta.

En la elaboración de este volumen hemos participado más de una decena de autores, cada uno contribuyendo en la medida de sus posibilidades a levantar un edificio singular en torno a una institución señera en la construcción historiográfica de esta parte de España llamada Cantabria. Quizá cuando el libro sea ya una realidad física lo anunciaré debidamente aquí.



Centro de Estudios Montañeses

De momento anunció sólo que yo me he ocupado de la última etapa de la historia del CEM, la que va del año 1996 hasta la actualidad, etapa que coincide con la presidencia de Leandro Valle González-Torre y con mi incorporación al CEM como bibliotecario y archivero. A continuación voy a reproducir el final de mi artículo, unas líneas en las que he procurado establecer y definir cuáles son las líneas por las que el CEM debe discurrir para proseguir en su impagable labor historiográfica en los años venideros. Finalizo mi contribución así, dejando también plasmadas algunas de mis ideas y convicciones sobre la labor del historiador como científico:

“Ya están hechas las cuentas del rapidísimo repaso del periodo 1996-2009 que en un principio me propuse realizar. Aquí quedan plasmadas como mera información, como una suma de datos objetivos que hablan de la actividad del CEM a lo largo de sus poco más de diez últimos años de historia, años que nos han conducido hasta este final de 2009 en el que conmemoramos sus 75 años de existencia, de ininterrumpido trabajo en torno, fundamentalmente, al conocimiento del pasado de Cantabria. Sí, poco más de una década llena, como puede comprobar quien se acerque hasta estas páginas, de informes, artículos, revistas, monografías, conferencias, investigación, difusión, debate… Poco más de diez años en los que algunos compañeros de viaje han desaparecido (Leopoldo Rodríguez Alcalde, Ángel Díaz de Entresotos, Emilio Herrera, Mario García Oliva…), y otros, poco a poco, han ido cediendo el testigo a nuevas generaciones de miembros del CEM que, con nueva mentalidad, formación académica generalizada y renovados conceptos, tienen hoy como principal propósito común y compartido, continuar con la tarea que dio comienzo una tarde de mediados del mes de enero de 1934 en la Biblioteca de Menéndez Pelayo.

Una tarea ilusionante que presenta de cara al futuro diversos frentes o retos abiertos. Entre ellos cabe mencionar la decidida incorporación del uso de las nuevas tecnologías en la variopinta actividad del CEM; incrementar la calidad de la investigación para que el discurso historiográfico sea cada vez más sólido y científico; el estrechar relaciones y el fomento de trabajos conjuntos con otras instituciones y agentes culturales; ejercer un papel de dinamización social a través de un discurso contemporáneo, fundamentado en los valores de la modernidad europea de raíces clásicas; ahondar en la vocación interdisciplinar de la institución (historia, literatura, etnografía, arte, heráldica…), pero sin que el conocimiento erudito del pasado conlleve, necesariamente, una defensa ideológica y doctrinal de las “esencias” regionales; ampliar en lo posible las áreas y materias de estudio y divulgación, prestando más atención a la contemporaneidad; desterrar para siempre el ánimo de provisionalidad en la tarea ante la presencia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cantabria, asumiendo, en este sentido, un imprescindible e independiente protagonismo en el campo de una erudición solvente, seria, pluralista, necesaria y siempre construida con perspectiva científica.

Estos son, insisto, algunos de los retos a los que en mi opinión debe enfrentarse el CEM para proseguir al menos otros 75 años de relevante trayectoria en el terreno de la historia y la cultura regionales. No se trata de romper con el pasado, ni mucho menos. Se trata sencillamente de evolucionar y adaptarse a las nuevas metodologías de la investigación histórica y del saber hacer en el terreno de la cultura. El futuro del CEM pasa, en definitiva, por ser, como lo ha sido a lo largo de estos 75 años, una fidedigna, útil y valiosa expresión de las circunstancias generales que vive la sociedad en la que está ubicado y en cuyo beneficio y mejor conocimiento se esfuerza. Repito, ya han pasado 75 años desde aquel lejano mes de enero de 1934; años en los que las circunstancias económicas, políticas, sociales y culturales de nuestra región y de nuestro país han sido de verdad cambiantes. Los hitos del CEM durante esta larga etapa histórica sólo pueden tenerse por numerosos y sin duda desiguales, como corresponde a cualquier trabajo que se prolonga en el tiempo. Pero nunca el esfuerzo, el interés y la dedicación de sus miembros mermaron un ápice incluso en las circunstancias más adversas. Que así continúe mucho tiempo, generación tras generación, pues la tarea es mucha, y siempre está por delante”.

***

Últimas colaboraciones (ENERO 2010) de Juan Antonio González Fuentes en la revista electrónica Ojos de Papel:

LIBRO: Alex Ross: El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música (Seix Barral, 2009)

CINE:  James Cameron: Avatar (2009)

LIBRO (diciembre): Gerald Martin: Gabriel García Márquez. Una vida (Debate, 2009)

-LIBRO (noviembre): Miklós Bánffy: Los días contados (Libros del Asteroide, 2009)

-CINE (noviembre): Woody Allen: Si la cosa funciona (2009)

-LIBRO (octubre): Luis García Jambrina: El manuscrito de piedra (Alfagaura, 2008)

-CREACIÓN (octubre): La lengua ciega (DVD, 2009)

-CINE (octubre): Isabel Coixet: Mapa de los sonidos de Tokio (2009)

-LIBRO (septiembre):  P.D. James: Muerte en la clínica privada (Ediciones B, 2009)

-LIBRO (julio): Stieg Larsson: Millennium 3. La reina en el palacio de las corrientes de aire (Destino, 2009)

-PELÍCULA (julio)Niels Arden Oplev: Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

Más de Stieg Larsson:

-Millenium 1. Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino, 2008)

-Millennium 2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino, 2008)


NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.


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