lunes, 26 de junio de 2006
Desenmascarar "La Movida". Palabras para Pérez-Mínguez
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[1001] Comentarios[1]
Llevan décadas vendiéndonos "La Movida" como algo prodigioso, pero la gota que colma el vaso es leer a Pablo Pérez-Mínguez calificar "La movida" como uno de los movimientos culturales más grandes del siglo XX

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Juan Antonio González Fuentes

Antes de que el dictador Francisco Franco diera su última bocanada de aire, existía la idea, que luego se prolongó durante unos cuantos años, de que el mundo artístico español, una vez desaparecido el General, su dictadura y su odiosa y pacata censura, sacaría por fin a la luz las innumerables “obras maestras” que permanecían ocultas en cajones, archivos personales o almacenes.

Por fin el dictador pasó a mejor vida, y toda esa inmensa y supuesta catarata de talento silenciado y postergado, cómo decirlo, sencillamente no apareció por ningún sitio, o dicho de otra manera, siguió estando más o menos donde había estado hasta ese momento, con general o sin general.

Lo que sí nació de forma llamativa a finales de los años setenta y principios de los ochenta, coincidiendo más o menos con la aparición de la mascota mundialista Naranjito, fue eso que se denominó “Movida madrileña”, y por extensión a otros “núcleos ardidos”, que diría Vicente Aleixandre, “la Movida”.

Más o menos todos sabemos a estas alturas de la historia qué fue “la Movida” y cuáles fueron sus frutos. La noche de las ciudades más importantes y bulliciosas de España fue tomada por grupos de jóvenes con inquietudes y ganas de divertirse y sentirse modernos que, una vez desaparecido el corcho de la botella que los contenía, y agitado un poco el recipiente, salieron por el cuello de la botella con fuerza chispeante, mucha burbuja, mucha espuma y algún que otro trago refrescante, rico e interesante. Han pasado los años, las décadas, y de toda esa explosión acampanada sólo quedan unas cuantas películas, entre ellas las primeras gamberradas del oscarizado Almodóvar; algunos grupos de música pop y algunas canciones emblemáticas e inolvidables, siempre en la estela de lo que cinco años antes se había hecho en Londres; algunos poemas y textos de escritores como Villena, Panero, Haro Ibars...; fotografías y pinturas muy concretas..., y en fin, no mucho, mucho más.

La Movida no pasaría de ser un momento puntual de lógica alegre efervescencia y pujanza juvenil, protagonizada por una generación de chavales que siempre habían vivido con el corsé de una dictadura católica, sino fuera porque algunos de esos protagonistas se han empeñado, con diversa fortuna, en vivir explotando aquel cuento y en ponerse así mismos en escena como cabezas visibles de un movimiento cultural y artístico de honda trascendencia.

En este sentido recuerdo los inteligentes comentarios que les dedica en sus ácidas memorias Martínez Sarrión, pero desde luego los hay que no se dan por enterados, y aunque en plena calle se les señale su desnudez, como al rey del cuento, ellos siguen impertérritos con sus afanes y autoconstrucción.

El último capítulo de este empeño es el de Pablo Pérez-Mínguez, quien acaba de editar en Lunwerg un interesantísimo libro titulado Mi movida, y en el que recoge algunas de las 20.000 fotografías que tomó en aquella época. Pero a lo que vamos es que en una reciente entrevista publicada a todo color en el suplemento dominical de El País, el fotógrafo se queda tan a gusto despachándose con estas palabras: “Yo, que soy muy de movimientos culturales, ya sostenía que vivíamos uno de los grandes del siglo XX” (!!!!)

La perplejidad adquiere en mí proporciones insospechadas. Sí, Pérez-Mínguez dice en el que la Movida es uno de los movimientos culturales más grandes del siglo XX, y el periódico más leído de nuestro país se lo publica, y además, todo el mundo mira para otro lado.

Pérez-Mínguez no sabe de qué habla, no sabe qué dice. Nada más leer sus declaraciones pensé en la Viena de fin de siglo; en el Londres que veía deambular por sus calles, entre otros, a los miembros del grupo de Bloomsbury; en el Hollywood al que fue a parar buena parte del más brillante mundo intelectual centroeuropeo de entreguerras; en el París del existencialismo; en el Madrid de la generación del 27; en la Nueva York en la que todas las noches tocaban juntos o a escasa distancia Miles Davis, Charlie Parker, Monk, Coltrane...; en la Budapest de Bela Bartok, Bruno W o Sándor Marái...; en la Roma que veía en sus calles nacer el neorrealismo...

Lo que yo ya no sabría apostillar es si las palabras de Pérez –Mínguez son sencillo fruto de la ignorancia y el consecuente atrevimiento, o si es un no saber condicionado por la egolatría y el interés comercial, por la necesidad imperiosa de ponerse en escena dentro de una realidad inventada y que nunca existió, al menos como tiempo y espacio de un movimiento cultural de los más grandes del siglo XX.

La Movida recorre las aceras de nuestra cultura hispana completamente desnuda, o tal vez sólo con una peineta cutrelux en el moño, pero la mayoría se inclina a su paso y la saluda como si fuera envuelta con un vestido prodigioso. Sólo espero que de una vez por todas aparezca al niño que, inocente y sincero, se adelante a todos y señalándola con el dedo diga: “anda, pero si va en pelotas”.

Comentarios
30.06.2006 22:42:38 - Maggi Simpson
Que guapo es Juan Tormento en ese libro de PPM









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