lunes, 22 de enero de 2007
Carmen Díez de Rivera, musa de la Transición, la misma Transición
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[31580] Comentarios[3]
Carmen Díez de Rivera fue un personaje interesante de nuestra Transición, pero sus memorias, su auto hagiografía meceren el olvido, o servir de ejemplo de lo que nunca deberían ser unas memorias.

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Juan Antonio González Fuentes

Mi madre tiene una muy buena amiga con la que de vez en cuando intercambia libros y, en consecuencia, lecturas. Esta amiga, Ámparo, hace mucho tiempo fue mi profesora de inglés, y hemos hablado en alguna oportunidad que en aquella relación académica debió establecerse una importante transferencia de gustos y querencias culturales, pues no es nada infrecuente que coincidamos en óperas, teatros, conferencias, exposiciones… También coincidimos de vez en cuando en lecturas, y en interés por algunos personajes o artistas.

La última vez que esto ha ocurrido ha sido la pasada semana. Llegué a casa de mi madre y encima de una mesa encontré el libro que Ámparo le acababa de dejar a mi madre. Se trataba de la biografía de la atractiva política de la transición española Carmen Díez de Rivera, páginas escritas por la periodista Ana Romero y publicada en la editorial Planeta hace cuatro años, si no recuerdo mal.

Siempre me había interesado el personaje, y confieso ahora que lo primero que me llamó la atención de ella fue su gran atractivo físico. Rubia de ojos azules, esbelta y con buen tipo, la primera vez que supe de Carmen Díez me sorprendió muchísimo que tal tipo de mujer se hubiera dedicado a la actividad política de manera destacada en momento tan confuso y complejo de nuestra reciente historia. Por esta razón, nada más ver el libro, se lo pedí prestado a mi madre y lo leí en unas pocas horas. Mujer nacida en el seno de una aristocrática familia madrileña pero hija natural del cuñado de Franco, Serrano Suñer, la vida de Carmen Díez estuvo marcada por el amor imposible que sintió por un hermanastro y del que nadie le explicó nada hasta que fue demasiado tarde e incluso la pareja, inocentemente incestuosa, había planeado casarse.

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Carmen Díez de Rivera

Con una adolescencia y una primera juventud muy difíciles, en las que incluso ingresó en un convento y marcho luego como “misionera” a África, Carmen Díez de Rivera regresó a España poco antes de la muerte del dictador, y la suerte y el privilegiado contexto social y económico en el que siempre se había desenvuelto, le pusieron en el camino de trabajar justo al lado de Adolfo Suárez y del Rey don Juan Carlos I en el periodo más intenso y decisivo del cambio político que España comenzó a vivir a partir de mediados los años setenta del pasado siglo.

Una hermosa mujer desempeñando un importante papel político en aquellos momentos de nuestra historia, supuso, repito, una llamada demasiado poderosa como para que mi interés se resistiera. Pero la lectura no es que me haya defraudado, es que me ha enfadado, me ha sumergido en la perplejidad y en la estupefacción. Y todo porque, mientras avanzaba página tras página, no podía concebir tanto engreimiento y tanta fatuidad desmedida en el relato de la propia vida.

La mujer a la que Francisco Umbral calificó como “musa de la Transición”, parece querer dejar claro desde la primera a la última página de este libro que ella misma fue la Transición, así, con mayúsculas, la persona más importante del mencionado periodo. Adolfo Suárez y el Rey, por ejemplo, fueron según la archipagada de sí misma Carmen Díez, unos hombrecitos voluntariosos pero cuasi tontorrones, conservadores y pardillos a los que ella, a sus poco más de treinta años, tuvo que sacar las castañas del fuego cada dos o tres minutos. En opinión sin réplica de Carmen Díez, todo lo exitoso que tuvo y legó la Transición española al futuro se debió a su mucha inteligencia, a su capacidad de trabajo, a su persuasión, valentía, responsabilidad, desparpajo, atractivo, capacidades múltiples, etc… Y todo lo negativo que tuvo el periodo, se debió a la incapacidad y cortedad de miras del resto de personas que estuvieron junto a ella y que, torpes y ambiciosos, no se dejaron guiar adecuadamente por su sabia e infalible mano.

Carmen Díez de Rivera murió de terrible cáncer cuando aún era muy joven, apenas cincuenta y tantos años. Después de la Transición siguió en política, en el Partido Socialista y trabajando como eurodiputada muy consciente de la importancia presente y futura de las nuevas ideologías de raíz ecológica.

Carmen Díez de Rivera es un personaje muy interesante de nuestra más reciente historia común, una mujer casi hoy olvidada en la vorágine histórica que fagocita protagonistas a marchas forzadas, Pero con todo, la mansedumbre acrítica del librito, su construcción desde la más descarada e inconcebible auto hagiografía, sólo me ha dejado planteada una duda: si dejarlo caer entre los troncos humeantes de una chimenea, o dejarlo en los fondos de una biblioteca y en lugar destacado, para que sirva como ejemplo concreto y palpable de lo que jamás debería ser ni una biografía ni unas memorias, a no ser que el infractor de la norma pretenda escribir una obra de humor, entonces sí, entonces sigan sin cortapisas el ejemplo de Carmen Díez de Rivera y de la artesana Ana Romero.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente .


Comentarios
04.04.2008 22:52:54 - MB

Hola, estoy buscando fotos de Carmen Díez de R e I para hacer un retrato , pero en internet sólo encuentro dos, sabes dónde puedo ver alguna de frente?

Gracias


04.04.2008 22:53:22 - MB
Respuesta al comentario de MB el 04.04.2008.
Olvidé poner el mail, sorry.


12.03.2012 22:16:44 - Luis Martín Fabregat



Conocí a Carmen y durante años compartí con ella una amistad profunda. También tengo el libro, pero no he sido capaz de abrirlo. Sin duda, su intervención histórica, lo fue, desde un sentido de verdadera responsabilidad. Sin conocerla es absolutamente irremediable interiorizar una imagen suya de prepotencia, incluso arrogancia. Pero puedo decirte que a través de su profunda mirada azul, solo había reveldia... hacia la deprimente naturaleza humana. Un recuerdo para ella.










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