Juan Antonio González FuentesHace ya unas cuantas unas semanas me llamó por teléfono desde Madrid el poeta
Guillermo López Gallego, a quien ya debemos, entre otros trabajos, la coedición de la antología
25 poetas jóvenes españoles (Hiperión, 2003), propuesta mayúscula y eficaz en cuanto al tema se refiere.
Ahora Guillermo está preparando, junto a otros antólogos, una antología del
haiku en español, de ahí su llamada, pues quiere que yo participe en ella, aportando tres o cuatro
haikus de mi particular cosecha. Quizá Guillermo pensó en mí para tal aventura porque tengo tendencia a escribir poemas breves, pero jamás había escrito un
haiku, al menos en un intento de versión canónica en su adaptación española.
Pero es probable que haya que aclarar primero qué es un
haiku, pues desde luego no es obligatorio para ningún lector de esta página el estar al tanto de tal modalidad poética. Un
haiku es una composición poética de la tradición japonesa, que se estructura en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima. Suele contener una palabra clave denominada
kigo, que indica la estación del año a la que se refiere el poema. Tradicionalmente el
haiku, así como otras composiciones poéticas del japonés, buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones, o la vida cotidiana de la gente.
El
haiku tiene algunas reglas preestablecidas, pero éstas son consideradas arbitrarias y muchos poetas las rompen, especialmente cuando el
haiku es adaptado a otros idiomas. Algunas de estas reglas son que el
haiku debe combinar dos imágenes distintas que se relacionen con el tercer verso, debe estar escrito en presente y tener una pausa, conocida como
kireji, al final de uno de los dos primeros versos.
Bueno, pues más o menos aclarado qué es un
haiku, y quedando ya constancia de que su uso en otros idiomas no se adapta con rigidez a la natural esencia de la forma tradicional y originaria del país del Sol naciente, les adelantaré que acepté la propuesta de Guillermo López Gallego, y que llevo semanas afanado en dibujar cuatro
haikus que, al menos, no se alejen en exceso de lo que deberían ser para ser considerados aceptables.
Adelantaré que he soportado con férrea entereza la enorme tentación de echar un vistazo al imprescindible libro de
Yoel Hoffmann, verdadero compendio del
haiku que tradujo mi buen amigo el poeta
Eduardo Moga,
Poemas japoneses a la muerte (DVD, Barcelona, 2001), para que mi singular esfuerzo diera un resultado lo más personal y espontáneo posible.
No sé si he superado el reto que me propuso Guillermo, al menos puedo aducir que lo he intentado con perseverancia y ahínco de alguna ley. El resultado se lo ofrezco a ustedes en primicia. Sepan disculpar las molestias:
Allá de mi voz,
vencejo y nube blanca
bajo su sombra
Limbo de altura,
oscura espina seca:
triste vencejo
Tela de araña:
hálito de eternidad,
toque de queda
Silencio en la voz,
frontera más abismo,
límite por luz
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NOTA: En el blog titulado
El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente .