Esta visión más optimista anima a
nuestro
despacho a proponer una serie de acciones
estratégicas, que tienen como objetivo hacer más resistente a la empresa en la
actual coyuntura, y la posicionen mejor para cuando salgamos de ella:
1) Buscar mecanismos que permitan
actualizar el valor de
aquellos activos que teniendo bajo valor de adquisición o de
producción, tengan un alto precio de mercado, entre ellos los intangibles
(marcas, patentes..).
2) Aprovechar la depreciación sufrida en los
activos por efecto de la crisis, para hacer posible
reestructuraciones de
grupos empresariales (separación de socios…) que en otras circunstancias
serían imposibles por su alto coste fiscal.
3) La caída de valor de
activos permite, también,
planificar la sucesión con un mínimo coste
fiscal, tanto de empresas como de patrimonios no afectos a actividades
empresariales.
4)
Corregir las “contingencias fiscales”
arrastradas de ejercicios anteriores aprovechando las pérdidas
actuales, y saneando de esta forma el balance. El ejemplo más sencillo lo
encontramos en las “existencias” infravaloradas, pero existen una gran
variedad de casos.
5) Analizar la situación del
administrador o miembros del consejo de administración ante
posibles derivaciones de responsabilidad. En especial la de aquellos
que no teniendo una participación directa en la dirección de la compañía,
tengan un patrimonio personal más accesible a la actuación de los
acreedores.
6) Aprovechar la necesaria búsqueda de mercados
exteriores para establecer
estructuras empresariales internacionales más
eficientes desde una óptica fiscal. Por ejemplo, fijar la sede de
“centrales de compras o de ventas” en países de nuestro entorno que ofrezcan una
fiscalidad más benevolente.
7) La
absorción de empresas competidoras
con buena cartera de clientes, o la
fusión con empresas
complementarias, obteniendo a la vez una reducción de los costes fijos,
constituye una excelente opción que se presenta más fácilmente en situaciones de
crisis.
8)
Consolidar contable y
fiscalmente los
grupos de empresas tanto a los efectos del
Impuesto sobre
Sociedades, como a los del
IVA, ya que ello refuerza la imagen
financiera del grupo, reduce riesgos derivados de la valoración de las
operaciones vinculadas y produce un efecto financiero-fiscal muy notable en el
IVA.
9) Planificar el
aprovechamiento de “bases imponibles
negativas” o los “créditos de impuesto” con vista a ejercicios futuros.
10)
Prepararse ante una futura inspección fiscal. Parece
inevitable un inminente aumento de la presión fiscal para poder hacer
frente al Gasto Público. Lo cual supone: por un lado, aumentar los
impuestos (aspecto que ofrece cierta dificultad porque requiere la
necesaria aprobación parlamentaria) y, por otro, aumentar las actuaciones
de la Inspección Tributaria (mucho más fácil y rápida). Por ello no es
aventurado predecir un incremento de inspecciones en los próximos meses. En las
actuales circunstancias esto debe llevarnos a una mayor preocupación, ya que las
inspecciones se referirán a los ejercicios 2006 a 2009, en los que la situación
económica era notablemente mejor, y la compañía probablemente obtenía
beneficios. En consecuencia, cualquier deuda tributaria adicional que en
aquellas circunstancias podría haber sido asumible, puede llevarnos ahora a
una situación pre-concursal. Por ello es fundamental hacer una
“revisión
fiscal” con carácter previo y plantear las correcciones que sean necesarias.
No existe una sugerencia que sea aplicable de forma generalizada,
cada empresa tiene su propia casuística. En la lista anterior hemos pretendido
recoger, sin ánimo de ser exhaustivos, aquellas que, a lo largo de
nuestra experiencia profesional, han demostrado ser las más
efectivas.