Natsume Soseki: <i>Kokoro</i> (Gredos, 2009)

Natsume Soseki: Kokoro (Gredos, 2009)

    TÍTULO
Kokoro

    AUTOR
Natsume Soseki

    EDITORIAL
Gredos (RBALibros)

    TRADUCCIÓN
Carlos Rubio

    INTRODUCCIÓN y PRÓLOGO
Carlos Rubio

    OTROS DATOS
Madrid, 2009. 336 páginas. 14 €



Natsume Soseki en 1912 (foto wikipedia)

Natsume Soseki en 1912 (foto wikipedia)

Coro Sadornil es actriz, ilustradora, profesora de E.G.B y Licenciada en Psicopedagogía. Ejerce de orientadora educativa

Coro Sadornil es actriz, ilustradora, profesora de E.G.B y Licenciada en Psicopedagogía. Ejerce de orientadora educativa


Reseñas de libros/Ficción
Natsume Soseki: Kokoro (Gredos, 2009)
Por Coro Sadornil, lunes, 1 de junio de 2009
Kokoro es la novela de madurez de Natsume Soseki, escritor de finales del siglo XIX y principios del XX, perteneciente a una trilogía que abarca el periodo entre 1910 – 1916. Escritor a caballo entre dos siglos, refleja a través de la novela, la crónica de la histórica transformación del Japón, país que estaba saliendo de un aislamiento secular. Podemos afirmar que Soseki se ha convertido, junto a otros escritores de su generación, en un espejo límpido y claro para aquellos que quieran, además de disfrutar de una novela magnífica, conocer lo que supuso en la esfera personal, filosófica, religiosa, e incluso íntima, la occidentalización de la cultura del Sol Naciente.
El libro contiene en su publicación española una introducción crítica, que abarca desde el análisis estilístico hasta la cronología del autor, así como datos históricos a tener en cuenta, realizada por Carlos Rubio, traductor asimismo del texto. Amén de ser de una calidad, profundidad, amplitud, y precisión que no resulta habitual, no se vuelve imprescindible a la hora de comprender la narración. Ya que, con gran acierto, el traductor ha tenido a bien conservar expresiones japonesas, algunas de difícil traducción al castellano, y otras idiosincráticas, incluyendo aclaraciones comprensivas a pie de página. Aunque, personalmente difiera, como es lógico desde una perspectiva personal, en la valoración del peso concedido a los diversos elementos de la trama literaria, sin embargo coincidimos en que la novela muestra el alcance que supuso la apertura de la cultura japonesa al resto del mundo.

Esta es la segunda edición, ya que fue publicada en 2003, sin apenas repercusión literaria en España, donde la cultura del Sol Naciente, resulta lejana y desconocida. En Japón fue publicada, en vida del autor, en 1914, justo al comienzo de la primera guerra mundial europea.

Kokoro, según el diccionario, tiene una amplía gama de acepciones que van desde “corazón”, “interior”, “espíritu”, hasta “alma”, “voluntad”, “sensibilidad” y “sentimientos”. “Este término -según Carlos Rubio traductor - representa la capacidad de ser afectado emocionalmente, la concepción resultante y también el elemento cognitivo informante”. Y exactamente, todo lo que tiene que ver con la capacidad de ser afectado emocionalmente en positivo y en negativo, es el tema central de la novela. Podríamos definirla como una novela íntima de intriga sobre el proceso de maduración y acercamiento a la vida de un joven estudiante, a través los secretos vitales de un hombre mayor, al que este llama “sensei” (término que alude a “sabiduría”, “maestría”). A esta relación dual se le suma la mujer de sensei, creando un triangulo de relaciones emocionales muy significativas, ya que le permiten descubrir todo lo que significa el amor, a este estudiante deseoso de adentrarse en la sabiduría de la vida.

Los personajes respiran una tensión permanente entre la tradición e la ignorancia de la sociedad rural japonesa del momento y la novedad y afectación emocional del nuevo japonés que se perfila con la apertura hacia el mundo occidental

La estructura dramática se desarrolla en tres partes con dos voces narrativas. En las dos primeras partes domina la introspección del joven, el cual en primera persona y a través del reflejo de sus reflexiones íntimas- absolutamente novedoso dentro del estilo narrativo oriental- sobre los acontecimientos, nos conduce retrospectivamente por sus vivencias internas. A través de estos pensamientos vemos de la diferencia entre un orden tradicional de la cultura y un nuevo orden más europeizado con el que mirar y valorar la vida. Un orden donde el individuo cobra sentido propio (individualismo occidental) frente a la filosofía budista, ideología dominante en Japón, en la que el individuo es una parte del universo; posicionamientos vitales que los japoneses parecen haber sabido compenetrar, y como dice la canción, “y no estar locos”…

En la última parte, el joven queda relegado a la posición del propio lector, como escucha de las confesiones de sensei. Las revelaciones muestran duras verdades de la vida como, que la confianza es un animal esquivo, y si media el interés económico se vuelve huidizo. Y también, que el interés personal puede movernos a realizar maniobras de cuyo alcance no podemos imaginar la gravedad. La trascendencia de lo que hacemos puede volvérsenos como un boomerang dañando nuestra felicidad futura. Todo ser humano tiene un lado oscuro, una historia sobre la que puede gravitar su personalidad y sus actos, que marca la trayectoria de su vida.

Después de la revelación nada se vuelve a saber del estudiante, ya que el autor deja a la inspiración del lector la perspectiva de futuro de este. La brillantez del escritor se refleja, a mi parecer, precisamente, en este final abierto que invita a la relectura. Y deja el regusto de la elaboración mental de todos los guiños que va dejando a lo largo del relato de las dos primeras partes. Podríamos decir que es una novela circular que utiliza la retrospectiva para situarte al principio del libro, donde se encuentra finalmente la madurez ansiada.

En cuanto al tratamiento de la relación entre los dos personajes principales quisiera señalar lo difícil que resulta la comprensión de la misma al principio a través de algunos pasajes de la novela, dado que la relación entre hombres puede mostrar niveles de intimidad más profundos que en occidente

La novela está plagada de otros temas interesantes y sorprendentes, como es el paralelismo comparativo que el joven realiza entre su padre y sensei, cuyo proceso de degradación ocupa toda la segunda parte de la novela. Una cosa es el padre que nos toca vivir, y otra el padre que desearíamos, porque da respuesta a nuestras dudas y angustias vitales. Los personajes respiran una tensión permanente entre la tradición e la ignorancia de la sociedad rural japonesa del momento y la novedad y afectación emocional del nuevo japonés que se perfila con la apertura hacia el mundo occidental, hombre que sufre y se ve afectado por los vaivenes de “kokoro”, desapegado de lo material y mundano.

Los personajes femeninos relevantes, la mujer de sensei, la viuda, suegra de sensei y la propia madre del estudiante están también dibujados de forma polarizada. Por un lado, están las costumbres de la conducta tradicional femenina que en la madre se vuelve estereotipada. Y por otro, están esas mujeres con capacidad para organizar su vida y dirigirla con cierta independencia, en la vida real. Esto puede parecer sorprendente para el momento histórico en el que está escrita la novela; porque como señala sensei “en este mundo las mujeres son dignas de lástima (…) ya que no tienen a nadie en que confiar, excepto en sus maridos”. Y resulta decepcionante que la iniciativa hacia la total autonomía del mundo emocional masculino no se ha culminado como podría esperarse.

En cuanto al tratamiento de la relación entre los dos personajes principales quisiera señalar lo difícil que resulta la comprensión de la misma al principio a través de algunos pasajes de la novela, dado que la relación entre hombres puede mostrar niveles de intimidad más profundos que en occidente. E indudablemente es superior a la existente con las mujeres. El clima de comunicación que se refleja, se muestra sorprendentemente íntimo, aludiendo a deseos profundos de comunión con el otro. Y “sufro –dice- al verme tan apreciado por ti –estudiante- pero sufro más pensando en la posible decepción del futuro. Y le advierte que tiene que tener cuidado porque “el amor es un delito. Este clima y la tradición cultural, si se tiene en cuenta que la literatura ha reflejado a través de los siglos, como algo natural y no reprochable el impulso amoroso entre hombres (1) puede inducir a pensar un vínculo cargado de deseo. Además el hecho de que sea una persona mayor y un joven parece seguir las características de la tendencia tradicional (2).



NOTAS:
(1) Historias glamorosas  de amor viril de Saikaku Itara traducido al inglés por Armand de Fluvia bajo el título de Historias de amor entre Samurais. Se conoce relaciones homosexuales entre bonzos desde la época medieval. Los religiosos jesuitas se quejaban de la incapacidad que tenían de controlar e inhibir estas relaciones a su llegada a Japón en el siglo XVII.

(2) Entre gobernantes y samurais era muy habitual que los consejeros y ayudantes existiera una relación sexual y amorosa. El teatro Nó ha mostrado infinidad de dramas de celos entre jóvenes amantes.