Manuel Cerdán: "Paesa. El espía de la mil caras" (Plaza y Janés, 2006)

Manuel Cerdán: "Paesa. El espía de la mil caras" (Plaza y Janés, 2006)

    AUTOR
Manuel Cerdán

    GÉNERO
Biografía. Investigación periodística

    TÍTULO
Paesa. El espía de la mil caras

    OTROS DATOS
Barcelona, 2006. 466 páginas. 19,50 €

    EDITORIAL
Plaza y Janés



Manuel Cerdán

Manuel Cerdán


Reseñas de libros/No ficción
Manuel Cerdán: Paesa. El espía de la mil caras (Plaza y Janés, 2006)
Por Rogelio López Blanco, jueves, 1 de junio de 2006
Leer sobre las andanzas de Francisco Paesa es volver la vista atrás, a los que, hasta hoy, quizá sean los peores tiempos de la democracia española, la época de la guerra sucia y de la corrupción que salpicó la etapa final del largo mandato de Felipe González. Manuel Cerdán es un reputado periodista muy conocido por sus magníficas crónicas y libros de investigación. En compañía de Antonio Rubio publicó varias obras entre las que destaca un éxito de ventas como Lobo: un topo en las entrañas de ETA (2004), ya comentado en Ojos de Papel.

Durante muchos años, de modo intermitente por intercalar otras pesquisas, se ha dedicado a indagar sobre alguien tan escurridizo. De hecho, muchas veces fue la sombra de Paesa la que se cruzó en las investigaciones que llevaban a cabo el periodista y sus compañeros. Está el caso Roldán, donde tuvo un protagonismo capital, el asunto de los GAL, la lucha antiterrorista contra ETA... El apogeo del camaleón se alcanza con su muerte fingida en julio de 1998 y posterior “resurrección” a la fuerza en 2005, gracias a los esfuerzos del autor del libro.

El libro comienza abordando el asunto de ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, quien huyó de España tras descubrirse que había cobrado ilegalmente de los fondos reservados unos 300 millones de pesetas y defraudado otros 1500 por cobro ilegal de comisiones por la construcción de numerosos cuarteles de la Benemérita. Aunque no el más grave, infinitamente peor fue el terrorismo de Estado, se puede decir que resultó ser el caso más sonado de corrupción de la época felipista. Paesa se encargó personalmente de encubrir al prófugo, blanqueó su dinero y, finalmente, amañó una entrega supuestamente pactada del fugitivo en el chusco episodio del aeropuerto de Bangkok. Fue una habilísima jugada que le reportó toda la fortuna amasada ilegalmente por Roldán y una prima de 300 millones a cuenta de los fondos reservados del Ministerio del Interior. Paesa, que siempre tuvo escondido a Roldán en París, hizo creer que éste se refugiaba en distintos países latinoamericanos y luego asiáticos.

A primera vista, puede no apetecer la lectura de ese retorno a un pasado en el que sólo destacan los rasgos más tétricos, pero es una inmersión necesaria. De aquella experiencia salió una democracia depurada y un Estado de derecho consolidado, en el que la separación de poderes y la libertad de prensa impusieron su ley

Pero la historia de este embaucador comienza muchos años antes, cuando trata de estafar al dictador guineano Macías. En el intento, fracasado cuando todo estaba a punto de caramelo, demostró tal capacidad e iniciativa, don de gentes y contactos internacionales que fue reclutado por los servicios secretos de Carrero Blanco en 1968. Desde ese momento, siempre tuvo estrechas relaciones con la inteligencia española y el departamento de Interior, gobernase quien gobernase. Esto le proporcionó cobertura en las situaciones difíciles, fruto de sus estafas en España y el extranjero, particularmente en Suiza y Francia. Su trayectoria está jalonada de negocios fraudulentos, como transacciones financieras, operaciones inmobiliarias, blanqueo de dinero, contrabando de armas y servicios especiales para gobiernos, organizaciones y empresas. Contó también con buenos contactos en la inteligencia francesa y un equipo de gente experta y decidida que empleó inteligentemente para guardarse las espaldas. Esto no supuso una impunidad total, pues sufrió alguna experiencia carcelaria, pero, en términos generales puede decirse que, arriesgando lo que arriesgó, salió bastante bien parado de todas sus vicisitudes.

No todo fue negativo. Arriesgó mucho, su integridad física incluida, colaborando en la denominada posteriormente Operación Sokoa, que supuso la caída de aparato armamentístico y la red de extorsión de ETA.

A primera vista, puede no apetecer la lectura de ese retorno a un pasado en el que sólo destacan los rasgos más tétricos, pero es una inmersión necesaria. No sólo para tener más datos y una perspectiva cabal de lo que sucedía entre bastidores y en las cloacas del Estado. De aquella experiencia salió una democracia depurada y un Estado de derecho consolidado, en el que la separación de poderes y la libertad de prensa impusieron su ley. Detrás de ese impulso renovador que acabó con la amenaza de que el sistema político español sucumbiera a una inercia de corrupción y adulteración de las instituciones que haría fracasar el último intento de modernización política del siglo XX, estuvieron unos cuantos periodistas, jueces, fiscales, políticos e intelectuales... No fueron muchos, pero sí suficientes. Manuel Cerdán fue, y es, uno de ellos. Como otros compañeros de la profesión, apoyándose en muy contados medios de comunicación, contribuyó decisivamente a esclarecer las tramas negras, el terrorismo de Estado y la corrupción sistemática. Uno más en una labor de conjunto que aún no ha sido suficientemente reconocida por la sociedad española.