El triunfo de la imagen, antes con la fotografía, después con la
televisión y ahora con Internet y las nuevas tecnologías digitales, se apoya en
la representación del cuerpo. Al ser imagen casi todo, el cuerpo adquiere una
centralidad hasta ahora desconocida. Un ejemplo evidente lo tenemos en los
políticos o en los locutores de radio: si no disponen de un físico agraciado que
les permita aparecer en la pequeña pantalla, el talento o la buena voz les
servirán de poco.
La belleza ha adquirido un poder que nunca tuvo en grado tan extremo. Ahora
está tan segura de sí misma como el dinero. En pesetas constantes una mujer
guapa, o un hombre bello, vale ahora mucho más que hace cincuenta
años.
Una de las razones de esta hipertrofia del valor belleza está en
los avances tecnológicos que permiten una difusión de la imagen inimaginable
hace unos años. La otra razón está en que el cuerpo se ha ido descubriendo de
modo paulatino pero sin pausa. En los años sesenta Mary Quant, la moda en
general, descubrió las piernas femeninas con la minifalda. Una década más tarde
se extendió la moda del top less en las playas mediterráneas. En los
veranos de los ochenta empezaron a verse los primeros pantalones cortos en los
hombres, y en la actualidad se extienden como una mancha de
aceite.
Es evidente que el proceso a través
del cual el cuerpo se desnuda se debe a la convergencia de distintos factores.
Además de desnudarse, el cuerpo se evidencia y eso lo hace ayudado, en parte,
por la industria textil que comienza a producir tejidos que se pegan al cuerpo
para reproducir con mayor exactitud sus formas y medidas
La fotografía es testigo de esta aparición del cuerpo en la
vida cotidiana. En pintura o escultura el desnudo no es ninguna novedad; sí lo
es, sin embargo, en su aceptación como algo corriente. La obra fotográfica de
Steichen, Weston, Stieglitz o Man Ray muestra muy bien dos cosas. La primera,
cómo irrumpe el cuerpo con una fuerza inesperada en la vida social; la segunda,
cómo su imagen se fragmenta. En Alfred Stigliez podemos ver sus tomas de las
manos de Helen Freeman en 1918. Sesenta y tres años más tarde, en 1981, Robert
Mapplethorpe fotografía los genitales de Milton Moore. Entre ambos, Edward
Weston hace fotos, en 1934, de brazos y piernas.
Lo que registran los
fotógrafos es una tendencia que evidencia la moda y la publicidad, registrando
el proceso, tan central en el siglo XX, de emancipación de la mujer. Mientras
las feministas se manifiestan, las mujeres bellas adquieren conciencia de su
poder y lo utilizan. En algunos casos como un machete para abrirse paso en la
selva.
Es evidente que el proceso a través del cual el cuerpo se desnuda
se debe a la convergencia de distintos factores. Además de desnudarse, el cuerpo
se evidencia y eso lo hace ayudado, en parte, por la industria textil que
comienza a producir tejidos que se pegan al cuerpo para reproducir con mayor
exactitud sus formas y medidas. Mientras tanto, la lencería desarrolla un
ingenio y una capacidad de producción que sin duda está a la altura de los
cambios culturales.
El proceso está empezando y, desde
luego, puede implicar a los hombres que, al no tener tetas, podrían concentrar
energía libidinal en los glúteos
En los últimos años este proceso se ha acelerado. La
exhibición de los senos femeninos en su calidad de adelantados de la belleza, la
sensualidad, el género y tantas otras cosas han constituido el ejemplo a seguir.
Esto no es ninguna novedad, la vida cortesana de fináles del siglo XVIII y
principios del XIX constituye una buena demostración. Se realza el pecho y se
ocultan las piernas con grandes miriñaques.
La gran novedad es el
protagonismo que está adquiriendo el culo. Hace unos años se marcaba con las
costuras de las bragas bajo faldas o pantalones, pero formaba parte del conjunto
del cuerpo. Su percepción gestáltica era global.
El culo de La Venus
del Espejo de Velázquez forma parte de la globalidad del cuadro. Las nalgas
que se ven en la calle, en la fotografía de moda o de actualidad tienen
significado propio. En la fragmentación del cuerpo, el culo se ha independizado.
Con frecuencia se ven mujeres que marcan el límite superior de su
trasero dejando al descubierto una tira de piel que circunvala la cintura. Al
mismo tiempo, los pantalones bajan el talle y se ajustan. Tanto que obligan a
una modificación de la ropa interior .
El proceso está empezando y, desde
luego, puede implicar a los hombres que, al no tener tetas, podrían concentrar
energía libidinal en los glúteos. Dos pioneras de la moda han enseñado ya el
culo. Victoria Abril lo hizo en el Festival de Cannes hace un par de temporadas
y Carmen Martínez Bordiu acaba de mostrar sus nalgas en las revistas del corazón
a propósito de una fiesta organizada por Porcelanosa hace unas semanas, con
asistencia del Principe Carlos de Inglaterra y un largo añadido de personas
famosas.
Emerge, casi de la clandestinidad, un segmento más del cuerpo.
Hay que seguir su evolución.